Papa Francisco

Ayer por la tarde volví de mi peregrinación a Fátima: ¡saludemos a la Virgen de Fátima! Y nuestra oración mariana de hoy toma un significado particular, cargado de memoria y de profecía para quienes miran la historia con los ojos de la fe.

En Fátima me he sumergido en la oración del santo Pueblo fiel, oración que fluye desde hace cien años como un rio, para implorar la protección materna de María sobre el mundo entero. Demos gracias al Señor que me ha concedido ir a los pies de la Virgen Madre como peregrino de esperanza y de paz. Y doy gracias de todo corazón a los obispos, al obispo de Leiria-Fátima, a las autoridades del Estado, al presidente de la República y a todos aquellos que han ofrecido su colaboración.

Cardenal Raymond Burke

En cuanto a por qué las “dubia” se hicieron públicas, el cardenal Burke, después de haber negado que hubiese habido arrogancia por parte de los Cardenales, porque se limitaron a la aplicación de un método tradicional y consolidado en la iglesia, dijo que la decisión fue tomada después de enterarse de que por parte de la Congregación no habría ninguna respuesta. En ese momento, ante el desconcierto y el pedido de claridad de muchos fieles, se consideró apropiado publicar las preguntas para hacer saber que no todos los cardenales, que tienen la responsabilidad de ayudar al Papa, evitan hacer ciertas preguntas.

Cardenal Osoro Sierra

Este momento de la historia es de hambre de Dios. Tú también la sientes, tienes vacíos inmensos. Si eres honrado en ver tu verdad, los descubrirás palpablemente. Se quiere saciar de maneras muy diversas, que a veces nos hacen creer que Dios no es necesario. No nos engañemos. En lo más profundo del ser humano, en el núcleo de su existencia, hay una necesidad imperiosa de Dios. Cuando hacemos otra cosa ni estamos a gusto con nosotros mismos, ni hacemos felices a los demás.

Arzobispo Negri

Creo -escribe el arzobispo- que esta situación corre el riesgo de ser verdaderamente una gran prueba para el pueblo cristiano y para muchos pastores. Quien guía debe tomar medidas para eliminar al menos el mayor de estos malentendidos con iniciativas disciplinares, pero sobre todo debe responder a las preguntas legítimas de muchos (y no son sólo cuatro cardenales), haciendo más clara la manera de vivir este momento en la iglesia, incluso para nosotros obispos que elegimos vivir en las periferias, acompañando a los cristianos para hacer frente a los dramas que no pueden resolver solos.

Obispo Juan Antonio Reig Pla

Aunque la Exhortación del Papa Francisco atraviesa todas las ponencias del Congreso, es verdad que le hemos destinado la ponencia final con una propuesta concreta: la presentación del “Vademécum para una nueva pastoral familiar a partir de la exhortación Amoris laetitia”. Este Vademécum, preparado por tres profesores del Pontificio Instituto Juan Pablo II, será ofrecido como criterio para el acompañamiento de la pastoral familiar de la diócesis y como medio de formación de los sacerdotes y de cuantos colaboran en esta pastoral.

Del mismo modo en las conclusiones del Congreso se están preparando las claves para una lectura según la tradición del capítulo VIII: Acompañar, discernir e integrar la fragilidad. Se trata en definitiva de ofrecer certezas en un campo tan delicado y que no admite ningún tipo de ambigüedad.

Obispo José Ignacio Munilla

Mons. Munilla advierte que “estamos asistiendo a la pretensión de construir los procesos de pacificación sobre la base de acuerdos “políticos”, excluyendo o, cuando menos, minusvalorando la dimensión moral y espiritual de la realidad. Todos tenemos en mente el rechazo del requerimiento del arrepentimiento y de la petición de perdón por parte de los violentos a sus víctimas, bajo el argumento de que esos son conceptos religiosos y de conciencia, que no pueden ser invocados en el terreno social o político”.

Obispo Luis Argüello

Quizás convenga desarrollar esa idea para evitar que le acusen de pensamiento conspiranoico.

Hay varios motivos para pensar esto. El primero de ellos sería el elogio cultural que se hace del sujeto como productor-consumidor, un individuo que tiene cada vez menos vínculos y relaciones fuera de los mundos del trabajo y del consumo. Estos ciudadanos, desvinculados, tienen una menor capacidad de conciencia, de resistencia y de propuesta. Tienden a moverse más por emociones, por intereses, o por gustos, que por un discernimiento, y resultan más fácilmente manipulables.