Una Epopeya misionera

“El catolicismo ¡El verdadero culpable!”

P. Juan Terradas Soler C. P. C. R.

A través de la Leyenda Negra descubrimos sin dificultad “la cola serpentina del enemigo de natura humana”, es decir, “su mal fin o intención depravada”: asestar un golpe mortal a la Iglesia como culpable o por lo menos cómplice de España a lo largo de su historia.

Alfredo Déberle, historiador de finales del siglo pasado, después de hacer el relato de las “atrocidades que siguieron al descubrimiento del Nuevo Mundo”, descubre abiertamente el objeto, final de su acerba crítica exclamando blasfematoriamente: “La Iglesia católica, por mucho que hagan los autores asalariados por ella, no se lavará jamás de esta ignominia; ella fue, a la verdad, en todas estas cosas, la gran inspiradora del poder civil, y, por consiguiente, su culpabilidad es inmensa”.

Si no nos percatamos del fin dañado de los enemigos, la Leyenda Negra se nos convierte en un enigma sicológicamente inexplicable.

Un acertado testimonio del académico Luis Bertrand, en su Historia de España, corrobora lo que venimos diciendo:

“Son estos odios y estas pasiones políticas y religiosas, aún hoy día poco apagadas, y hasta en algunos más vivas que nunca, los que han falseado entre nuestros historiadores, como entre los de otros países, la comprensión de la historia española”.

“La causa más importante de error son los rencores y odios religiosos. Después de tres o cuatro siglos, están todavía en pie de guerra. Se las adivina -más o menos latentes, y a punto de estallar- detrás de los inicuos y apasionados juicios que la mayoría de los modernos historiadores emiten sobre la España de otros tiempos. Descargan sobre las espaldas de los españoles contemporáneos los odios de los judíos contra Isabel la Católica y los de los protestantes contra Carlos V y Felipe II… Y este pedante prejuicio ha pasado hasta a los escritores católicos…

De esta manera, las pasiones religiosas, unidas al filosofismo de las logias y de los autores librepensadores del siglo XVIII, han inventado e impuesto a la opinión pública una imagen caricaturesca de España, que aún no se ha borrado”.

“Las mismas prevenciones e idénticas injusticias encontramos cuando se trata de juzgar la obra colosal -y admirable- realizada por los españoles en América… Fue necesario exagerar la civilización de los incas, a fin de justificar la reprobación de que eran objeto los españoles, y a través de ellos, el catolicismo, el verdadero culpable”.

Lo mismo viene a decir -en breve síntesis- el catedrático argentino Rómulo Carbia, en la dedicatoria de su libro Historia de la leyenda negra hispanoamericana: “A España inmortal, católica, y hacedera de pueblos, que ha sufrido -por ser lo uno y lo otro- los agravios de la envidia y las calumnias de los enemigos de su fe”.

Y, en efecto, este país, más bien pobre en recursos materiales, no puede representar hoy día para los otros pueblos, en el terreno político o económico, ningún peligro capaz de suscitarle tan enconados enemigos y tan encarnizadas persecuciones.

España sólo es un peligro para judíos y masones, por las ideas que encarna, por haber sido “elegida por Dios como baluarte inexpugnable de la fe católica”. Los enemigos de Dios no la temen por lo que es, sino por lo que piensa. “La fe de este pueblo, que conserva radicado en lo más íntimo de su historia el espíritu religioso, animador de sus mayores y más gloriosas empresas”, es -a no dudarlo- la verdadera causa del odio sistemático de las logias y juderías contra el nombre español.

El mismo adversario lo ha confesado siempre inconscientemente:

“Vedla allí (a España) -decía ya en su tiempo un empedernido liberal americano- en el último extremo del continente, cual vasta e infame masa, único representante hoy día de los sentimientos y de la instrucción de la Edad Media; y con el peor de los síntomas, que es estar contenta y satisfecha con representar este papel… siempre soñolienta, impasible, negligente…, la causa de su ruina no está en la envidia de las otras potencias…, ni en su pobreza, como se lo imaginan los que, ciegos de amor nacional, no ven que esa causa sólo existe en la tenacidad extravagante con que conserva su civilización de la Edad Media…

 

Hoy, entre la España del siglo. XVI, antiliberal, anticristiana, fanática, que vive bajo el imperium unum, bajo la uniformidad asoladora, y la América democrática, liberal, que realiza la verdad del cristianismo, levantando al hombre a su puesto, no hay confederación ni alianza posibles; sólo hay divorcio, el divorcio de la luz con las tinieblas.”

Lastarria tiene razón, estamos de acuerdo con él, no hay alianza posible: ¡Cristo lo ha dicho! La sola divergencia que nos separa del autor es que nosotros colocamos las tinieblas en el otro campo…

Respecto a los motivos de la decadencia de España, comulgamos también con las ideas del escritor chileno: su tradicional catolicismo es la principal causa; pero, para Lastarria, por su estrechez de concepciones, para nosotros porque la fe del pueblo español le ha acarreado la enemistad de las grandes potencias masónicas, dueñas durante varios siglos de la economía mundial.