Isabel

La mujer

Edith Stein

Una discreta señorita me preguntó recientemente por qué ahora se habla tanto, incluso entre los hombres, sobre la esencia y naturaleza de la mujer. De hecho, es sorprendente que desde diversos lugares se hable constantemente del tema y que se trate con diversos enfoques. Eminentes intelectuales nos muestran con brillantez el ideal de la esencia femenina y esperan de su realización la salud para todas las enfermedades y necesidades de nuestro tiempo. Simultáneamente, en la literatura actual y en la de los últimos años, se presenta a la mujer como el demonio del abismo. En ambos casos recae sobre nosotras una gran responsabilidad. Nuestro sentido y nuestra vida se nos imponen como problema. No podemos evadir la cuestión de qué somos y qué debemos ser. Y no sólo es el mundo intelectual el que nos interroga, sino también la vida misma que ha convertido nuestra existencia en un problema.

Vocación

Sentimos la alegría de haber seguido la vocación sacerdotal. Con gozo saboreamos la  palabra de Jesús: “No me  habéis elegido vosotros a Mí, sino que Yo os elegí a vosotros” (Jo. 15, 16). Damos gracias al Señor por los bienes que recibimos de nuestros superiores, directores espirituales y profesores en los años de formación. Revivimos la emoción única de nuestra ordenación sacerdotal y primera misa. Y anhelamos que aquellos sentimientos que entonces nos embargaban permanezcan en nosotros mientras vivamos. (ASOCIACIÓN DE SACERDOTES Y RELIGIOSOS DE SAN ANTONIO Mª CLARET)

La realidad efectiva

Después de la segunda guerra mundial, el Estado -o el Gobierno donde no hay Estado-, ha devenido Estado de Partidos aunque no se reconozca como tal, a imitación del Estado controlado por los partidos únicos totalitarios, partidos doctrinalmente de principios o ideas. Así pues, si los partidos representaron alguna vez la soberanía del pueblo o la nación, es obvio que, conforme a la ley de hierro de la oligarquía -y la de la anakyklosis-, se representan hoy a sí mismos. No es sólo la teoría sino la realidad efectiva. (Dalmacio Negro – VERBO)

Siervos de Dios

La criatura es y depende, pues, de su Creador. Si la sociedad no estuviera tan corrompida por el hedonismo, a la pregunta de qué es lo que más necesita el hombre para su vida, la respuesta sería: DIOS. Una conciencia clara y no maleada por el pecado, reconoce con suma facilidad esta dependencia: somos siervos de Dios. (Jaime Solá Grané – CASTIGOS DE DIOS)

Contra Dios

Tanto Maistre como Bonald denunciaban y rechazaban las ideas, procedentes de la Ilustración, que excluían a Dios de los asuntos humanos, y combatían a una sociedad, hija de la Revolución, que se constituía por sí misma. Como escribió Rials respecto a Maistre, pero lo mismo puede decirse de Bonald, “lo que rechazaba es el orgullo antidivino de querer reconstruir el hombre social con las solas luces de la Razón”, de una razón que Maistre, como había indicado Margerie, es Limaba “sublevada contra Dios”. (Estanislao Cantero – VERBO)

Salvarse del infierno

En este punto radica, para Capograssi, la inmensa superioridad de nuestro tiempo “atormentado y consolado por una necesidad ardiente, aunque indeterminada, de esperanza”, necesidad indispensable al esfuerzo humano, que vive escondida en todas las necesidades de liberación que hacen luchar al hombre: “quizás porque grandes catástrofes nos han mostrado en proporciones gigantescas las capacidades de mal, de dolor y de muerte de que es capaz la humanidad, estamos mirando con nuestras vidas doloridas, estamos esperando e invocando una liberación que nos salve del infierno que hemos experimentado y que tememos nuevamente experimentar. (Ana Llano Torres – RAZÓN ESPAÑOLA)

Falsa autonomía del individuo

Todos los Papas de nuestros tiempos. San Juan XXIII, en la “Pacem in terris”, declara: “No puede ser aceptada como verdadera la posición doctrinal de aquéllos que erigen la voluntad de cada hombre en particular o de ciertas sociedades como fuente primaria y única de donde brotan derechos y deberes y de donde provenga tanto la obligatoriedad de las constituciones como la autoridad de los poderes públicos”. Beato Pablo VI, en la “Octogesima adveniens”, nos dice: “Se olvida fácilmente que en su raíz misma el liberalismo filosófico es una afirmación errónea de la autonomía del individuo”. (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)