En 2011 los síntomas de la esclerosis múltiple se hacen cada vez más insoportables para Emanuela: ya ha perdido la vista, el avance es inexorable, y además tiene calambres, espasmos y un dolor devastador afecta a todo el sistema nervioso. Emanuela es alimentada e hidratada por goteo. A principios de 2016 aparecen las últimas etapas de la enfermedad: ya no puede soportar el dolor sin la ayuda de la morfina y estando en cama.

“Mi madre quería a toda costa ofrecerme una peregrinación a Lourdes en la primavera, para mi cumpleaños, recuerda Emanuela. Insistió tanto que, a pesar de las malas condiciones, hicimos el viaje de quince horas en autobús. Con mi marido Paolo empezamos a sentir la necesidad de dar gracias a Nuestra Señora de Lourdes por el don de la vida y por nuestro amor que supera todos los obstáculos”.

El 3 de junio, fecha de la Primera Comunión de Bernardita Soubirous, Emanuela es bañada en las piscinas del Santuario de Lourdes. Todos se quedan boquiabiertos al ver su cara liberada instantáneamente de todo sufrimiento. Está transformada, resplandeciente de una alegría absoluta, luminosa, mucho más serena de lo que se podía imaginar.

“En el agua no recé por mí, sino por mi familia, dice Emanuela, para que tuviéramos la fuerza de la fe. De pronto sentí un bienestar y una paz interior que no puedo describir y que sigue dentro de mí”.

Una vez fuera mira a Paolo: los dos comprenden que acaban de vivir una experiencia espiritual maravillosa. A partir de ese día, el dolor del sistema nervioso de Emanuela ha desaparecido, así como la tos convulsiva que la ponía en peligro de ahogarse. El sacerdote de su parroquia dice haber sido testigo de una grande gracia, y el neurólogo, en el hospital de Piacenza, ha reconocido en el informe médico del 29 de junio de 2016 “algunas mejoras no atribuibles al tratamiento y progresos inexplicables científicamente”. Este documento, presentado al Comité Médico Internacional de Lourdes, Emanuela y Paolo han querido entregárselo personalmente al Papa Francisco, con ocasión de su visita a Asís. “Hemos recibido esta gracia de manera inesperada, después de un largo itinerario de discernimiento y abandono a la voluntad del Señor que me ha salvado en situaciones desesperadas, confía Emanuela con una gran sonrisa. Siento cada día que el Señor me sostiene con la paciencia de un Padre, y que Nuestra Señora de Lourdes me consuela con toda la ternura de una madre.”