Isabel

La mujer

Edith Stein

Creo que es legítimo tomar la siguiente resolución: mirar en lo más profundo de nuestro ser, para descubrir que algo nuevo se está gestando; tratar de lograr claridad sobre lo que está sucediendo dentro de nosotras; ver que lo que somos y lo que nos vamos haciendo no puede quedar encerrado dentro, sino que debe ampliarse para llegar a ser una realidad; entender que todo nuestro ser y devenir y actuar en el tiempo está determinado desde la eternidad y tiene un sentido para la eternidad y se nos convierte en la primera claridad, siempre y cuando lo miremos todo a la luz de la eternidad.

Celibato

Renovamos la ofrenda de nuestro celibato eclesiástico, convencidos de ser la suprema muestra de nuestro amor a Dios, una liberación de mil ataduras materiales que impiden la plena entrega a las almas, y un feliz anticipo de lo que es la bienaventurada ciudadanía de la Gloria. Ante los ataques contra el celibato, nosotros, apoyados en la Tradición de la Iglesia y en la ejemplaridad de tantos y tantos sacerdotes y religiosos, repetimos que el celibato es posible y fácil para los que cuentan con la gracia divina. La misa bien celebrada, el breviario debidamente rezado, la devoción a María, la huida de las ocasiones de pecado, son medios infalibles para conservar intrépidamente la virtud angélica. Por ello, frente a los vanos pretextos que se vienen esgrimiendo, nos unimos a las razones de Paulo VI en su “Sacerdotalis coelibatus”. Y pedimos a la Santa Sede y al Episcopado que aseguren en los seminarios y casas de formación el cultivo verdadero  del amor a la pureza sacerdotal. (ASOCIACIÓN DE SACERDOTES Y RELIGIOSOS DE SAN ANTONIO Mª CLARET)

Sumisión del pueblo

El gran engaño consiste en que el consenso político usurpa sus funciones al consenso social natural, espontáneo, obra de la historia, al atribuirse los partidos la representación de la sociedad -no exactamente la del pueblo, pues sociedad y pueblo son cualitativamente diferentes- como si fuesen sus dueños. Soberanía del pueblo o soberanía de la Nación son ficciones útiles, diría Bentham, quien procuraría seguramente desenmascararlas. Consenso político no significa, pues, consenso popular, sino la sumisión del pueblo a una mayoría, doctrinalmente democrática, formada por los votantes, que poco pueden elegir. Su participación en la vida política se limita prácticamente a este acto. El propio Rousseau, el santo patrono de la soberanía popular o del pueblo, reconocía que era inevitable. (Dalmacio Negro – VERBO)

El pecado

El pecado es el hacha que corta el lazo de vida que une al hombre con Dios. La historia muestra la constante lucha de toda la humanidad para hacerse independiente de Dios. Una lucha sin esperanza. Dios siempre acabará imponiendo su voluntad soberana. Anticipemos un trágico ejemplo: la URSS. Durante setenta años los dirigentes de estos países ricos en todos los productos naturales y en armamentos quisieron crear una sociedad sin Dios, subsistir sin Dios. La negación de Dios es la culminación de la idolatría. El castigo de Dios se manifestó en la opresión de la nomenclatura, en las liquidaciones o purgas, en los gulags, en el exterminio y traslado forzoso de personas… (Jaime Solá Grané – CASTIGOS DE DIOS)

Negación de toda autoridad

Como ha observado Turco, ambos combatieron al protestantismo en el que advirtieron que su subjetivismo religioso no sólo destruía la verdad de la religión revelada de la que es depositaria la Iglesia católica, sino que conducía a la negación de toda autoridad, también de la política. Ambos subjetivismos, el religioso y el político, al hacer de la razón de cada cual (la razón individual) la única medida, sin sumisión al objeto, cuya única referencia es ella misma, la convierten en mera opinión y por ende en prolegómeno del liberalismo. (Estanislao Cantero – VERBO)

Identidad nacional

El debate sobre la identidad nacional divide a España tanto, si no más, que en cualquier otro país de la Europa Occidental. Tanto a la derecha como a la izquierda, el discurso oficial repite que España es un Estado de derecho, una democracia fundada sobre los valores proclamados por la constitución de 1978. Pero un buen número de pretendidos “intelectuales” repiten que la nación es una construcción dudosa, una ficción novelesca. Esta sería, una “ilusión esencialista” cuya defensa conduciría con certeza a lo peor, es decir a la xenofobia y al nacionalismo. (Traducción hecha por Maite Vaquero Oroquieta – RAZÓN ESPAÑOLA)

El derecho de mandar

Los católicos tienen una doctrina diferente, hacen descender de Dios el derecho de mandar, como de su fuente natural y necesaria. Importa sin embargo destacar aquí que aquellos que deben estar a la cabeza de los asuntos públicos pueden, en ciertos casos, ser elegidos por la voluntad de la multitud, sin que contradiga ni repugne a la doctrina católica. Esta elección designa al príncipe, pero no le confiere los derechos del principado. La autoridad no es dada, sino que se determina solamente quién debe ejercerla. (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)