Montserrat

Fabricar ignorantes

San Claudio de la Colombiere“Una ideología no es un afortunado hallazgo, sino un instrumento que se forja para algo, un útil para mover a las colectividades”. Lo que posee de verdad, porque una mentira sin mezcla mostraría escasa operatividad, se encuentra en ella distorsionado, como indica el filósofo del racionalismo: “Incluso lo que originariamente es justo y exacto, al ideologizarse, se radicaliza y deforma. En el mejor de los casos, las ideologías son razones caricaturizadas y corrompidas al cabo de un intenso proceso de lógica y psicológica extrapolación y, en definitiva, de masificación” Su base es pasional más que intelectual, “una ideología es fundamentalmente fáctica, volitiva y emocional”. (Manuel Antonio Orodea – Razón Española)

Resucitaré en Jesús

Resucitaré en Jesús, pero primero tengo que vivir en Él. Si no me separo de la cruz, entonces se manifestará en mí el Evangelio. Todas mis deficiencias las completa en mí Jesús, su gracia que obra sin cesar. La Santa Trinidad me ofrece su vida abundantemente con el don del Espíritu Santo. Las Tres Personas divinas viven en mí. Si Dios ama, (lo hace) con todo su Ser, con todo el poder de su Ser. Si Dios me ha amado así, ¿cómo (debo corresponder) a esto yo, su esposa? (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)

Autodeterminación absoluta

Ese principio superior puede ser la ley positiva, pero también puede ser la realidad de las cosas y con ella la ley natural. La inteligencia, así, es libre en la medida en que no tiene por medida la verdad. La voluntad es libre en la medida en que no tiene por medida el bien. Por esto, Castellano, en innumerables pasajes de sus diversos escritos, la llama “libertad negativa”. Esta libertad “sería el valor máximo que se tendría que tutelar y promover”. Se trata de una libertad que está entendida como autodeterminación absoluta frente al bien y la verdad (José Luis Widow – Verbo)

Toque al sentimiento

Se pone en primer plano de la atención un hecho penoso que habla al sentimiento: la existencia de matrimonios irremediablemente rotos. El planteamiento adquiere con ello un carácter dramático y apremiante. Se trata de resolver un problema perentorio que afecta a derechos humanos inalienables: el derecho a ser feliz, a organizar libremente la propia existencia, etc. Nótese que la expresión “derechos humanos” es una de las locuciones más socorridas en la estrategia actual del lenguaje. Utilizada en argumentos que constituyen un “toque al sentimiento”, produce efectos contundentes en públicos sensibles pero no demasiado diestros en cuestiones metodológicas. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)

Herejías disfrazadas

Forzoso es, no obstante, convenir en que si algún error se presentó jamás con ningunas apariencias que le hiciesen excusable, fue este del Liberalismo. La mayor parte de las herejías que han asolado el campo de la Iglesia procuraron encubrirse con disfraces de afectada piedad, que disimulasen su maligna procedencia. Los Jansenistas, más hábiles que ningún otro de sus antecesores, llegaron a tener adeptos en gran número, a quienes faltó poco para que el vulgo ciego tributase los honores sólo debidos a la santidad. Su moral era rígida, sus dogmas tremendos, el aparato exterior de sus personas ascético y hasta iluminado. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

La razón divina

Digámoslo con Chesterton, cuya pluma es más elegante que la nuestra: “El hombre está hecho para dudar de sí mismo, no para dudar de la verdad, y hoy se han invertido los términos. Hoy lo que los hombres afirman es aquella parte de sí mismos que nunca debieran afirmar; su propio yo, su interesante persona; y aquélla de la que no debieran dudar, es de la que dudan: la Razón Divina”. (Juan Fernando Segovia – Verbo)

Siempre el despotismo

Levántense airados los sofismas y tributos invirtiendo el cesarismo pagano en los términos y colocando en la colectividad, por derecho inalienable, lo que aquel fijaba como potestad inherente en la persona del Cesar, y siempre sucederá que, con la soberanía del pueblo y la soberanía del César, la tiranía habrá cambiado de nombre y de lugar; pero, si cambia de naturaleza con la privanza de cortesanos corrompidos que vinculan en su capricho la voluntad del soberano, o representantes que suplantan con la suya propia la supuesta voluntad del pueblo, siempre el despotismo de arriba a abajo o de abajo a arriba hará gemir el derecho bajo su planta de hierro. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)