Montserrat

Libertad luciferina

San Pedro Pascasio - Obispo y MártirEs, en cierto sentido, libertad como liberación de todo aquello que se pueda aparecer como criterio de su ejercicio distinta de ella misma: “Liberación de la condición finita, liberación de la propia naturaleza, liberación de la autoridad, liberación de las necesidades, etc.”. Se trata de una libertad que “es ejercitada con el solo criterio de la libertad, o sea, la libertad sin ningún criterio”. Por esto, dice Castellano este “modo de entender la libertad es, pues, el luciferino”. Esta libertad se identifica con “la pretensión originaria de nuestros primeros padres (Adán y Eva) de ser como Dios, convirtiéndose en autores del bien y del mal, de lo justo y lo injusto”. (José Luis Widow – Verbo)

Almas puras

Stasio me acompañó al automóvil; le dije cuánto Dios ama a las almas puras; le aseguré de que Dios estaba contento con él. Mientras le hablaba de la bondad de Dios y de cómo (Dios) piensa en nosotros, se puso a llorar como un niño pequeño y yo no me sorprendí porque es un alma pura, pues conoce a Dios fácilmente. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)

Situaciones de hecho

Apelar a determinados hechos para conseguir una legislación adecuada a los mismos significa un salto metodológico estratégico de lo particular a lo universal. Las situaciones de hecho suelen ser contempladas con una óptica en buena medida sentimental. Las regulaciones universales presentan, en cambio, un carácter más bien fríamente racional. Esta entreveración de lo racional-general y lo sentimental-particular responde a una voluntad estratégica de dominio. La conmoción sentimental precipita la cristalización de juicios y enturbia a menudo la claridad de comprensión. Por su parte, los hechos palpables presentan -frente a la vaguedad de las teorías- un carácter contundente e incuestionable. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)

Herejías sutiles

Añádase que la mayor parte de las antiguas herejías versaron sobre puntos muy sutiles del dogma, sólo discernibles por el hábil teólogo, y que no podía por sí propia formar criterio la indocta multitud, como no fuera sometiéndose confiada al criterio de sus maestros reconocidos. Por donde, era natural que caído en el error el superior jerárquico de una diócesis o provincia, cayesen con él igualmente la mayor parte de sus subordinados que tenían depositada en su Pastor la mayor confianza. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

Principio falso

Entendámonos: todo era funcional a preservar la convivencia y a salvaguardar el orden público. Se creyó oportuno recurrir -para aplicarlo, mantenerlo y más aún para justificarlo- al llamado principio enseñado sobre todo por Kant según el cual la libertad de cada uno termina donde empieza la de los demás. Principio falso, cuyo carácter absurdo Kant no llegó a advertir, y que se reveló inadecuado no sólo en la estación del primer liberalismo sino que ha explotado en mil contradicciones con su aplicación integral (o casi integral) por la democracia moderna y por la doctrina del radicalismo que animan las Constituciones contemporáneas. (Danilo Castellano – Verbo)

El poder del rey

Esa es la Monarquía, esa es la persona moral e histórica del Rey, que cubre y hace que desaparezcan las deficiencias de la persona física. Y nadie, nadie puede ejercer el poder personal supremo, como lo puede ejercer un Rey; y por eso yo pido que el Rey tenga iniciativas que deba tener y al mismo tiempo las ejerza por sí mismo; y que responda de ellas, y aquí está la dificultad y aquí está todo el fondo de la cuestión. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

Ignorancias

Como la ideología no persigue la verdad, sino un interés, confesado o no, por dirigir a la masa hacia metas utópicas, su pensamiento no requiere adecuarse a la realidad, al contrario, encajará ésta en unos moldes mentales preestablecidos. Es lo que llamaba Ortega “imperialismo ideológico”, que definía así: “Doy este nombre a la propensión de plantarse ante los hechos, exigiéndoles la previa sumisión a un principio”. A quien ha adquirido el modo de pensamiento ideológico difícilmente podrá convencérsele de la impropiedad de sus planteamientos, no serán “falsables”, en sentido popperiano, están muy lejos de lo que pueda ser ciencia, y siempre encontrará aquél, como todo fanático, la manera, aunque sea retorciendo los hechos, de amoldar la realidad a sus, no ideas, “pseudoideas”, en expresión de Fernández de la Mora. Reducido a su mínima expresión el êthos, la ideología se superpone al sentido común en nuestra sociedad. Las opiniones falsas que emiten los ideólogos funcionan, según ya dijera José de Maistre, como las monedas falsas: unos cuantos criminales las ponen en circulación y luego la honrada gente del común las maneja como verdaderas. (Manuel Antonio Orodea – Razón Española)