Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Cristo y San Ignacio de LoyolaConciencia delicada es la que juzga rectamente de la moralidad de los actos humanos hasta en los detalles más pequeños.

Se distingue de la conciencia escrupulosa en que ésta ve pecado donde no lo hay, mientras que la conciencia delicada lo ve donde existe realmente, aunque sea muy pequeño.

Todo buen cristiano debería procurar tener una conciencia delicada, pues evitando los pecados más pequeños, el alma se eleva fácilmente hacia las grandes alturas de la perfección cristiana.

Conciencia laxa o relajada es la que, por superficialidad, o razones insuficientes, considera que no es pecado lo que es pecado o que es pecado venial lo que es pecado mortal.

La causa principal que conduce a este estado lamentable de la conciencia laxa es la falta de fe viva en la grandeza de Dios y el olvido de la gravedad del pecado.

Causas secundarias de la conciencia laxa son: la vida cómoda y sensual que embota la sensibilidad del alma, el descuido de la oración mental, la excesiva solicitud por las cosas mundanas y terrenas (espectáculos, diversiones, negocios, etc.), el ambiente frívolo, el trato con personas superficiales y ligeras, la lujuria, que entenebrece la claridad del juicio, la falta de humildad para confesar cuando se ha cometido un pecado.

La conciencia laxa conduce poco a poco a un estado espiritual que hace muy difícil su curación y pone en grave peligro la salvación eterna.

Los medios eficaces para reformar la conciencia laxa son: una sólida formación religiosa, huir de las ocasiones peligrosas y del trato con personas superficiales, examen diario de conciencia, lectura de libros piadosos, meditación de los novísimos, fomentar el temor de Dios, por medio de la oración, y la frecuencia de los sacramentos.