Jorge Soley Climent

La Cataluña CatólicaTodos los datos confirman la acelerada secularización de Cataluña, un proceso en el que el protagonismo del nacionalismo, que deviene una religión de sustitución, es indudable. Una secularización que es compartida con el resto de España y de Europa occidental y que tiene causas comunes ajenas al fenómeno nacionalista, pero que en Cataluña se agrava poderosamente por efecto de esta ideología. Si en el resto de España el proceso de descristianización es indudable, en Cataluña éste ha sido de una especial intensidad. Como hemos señalado, Cataluña, profundamente religiosa, vio aparecer la ideología nacionalista, una ideología ajena a su historia y tradiciones, en el tránsito entre los siglos XIX y XX. Necesitó esta nueva ideología, no obstante, presentarse bajo un aspecto “intrincesista” para empezar a penetrar en la Iglesia y, aun así, de forma limitada, como certifica la actitud de la inmensa mayoría del clero durante la Guerra Civil. La crisis en la Iglesia y en España durante los años 60 y 70 vio el renacer del nacionalismo dentro de la Iglesia de la mano del progresismo. Así, a la oleada de secularización que se abatió de forma generalizada sobre los países occidentales y también sobre España entera, se le sumaron los efectos del nacionalismo que han hecho que, en Cataluña, esta descristianización sea mucho más intensa y perdurable. Durante las más de dos décadas de Jordi Pujol en la Generalitat asistimos a la eclosión de un “neogalicanismo” por el que el Gobierno catalán influía poderosamente en los nombramientos y el curso de la Iglesia en Cataluña, exigiéndole su colaboración activa en la tarea de “fer país” al modo nacionalista. Este nuevo rumbo, aceptado mayoritariamente y, de modo especialmente intenso, por las congregaciones dedicadas a la educación, ha intensificado el proceso de secularización hasta unos niveles que han supuesto la práctica desaparición de la Iglesia católica de amplios ámbitos y estratos en Cataluña. El culto a la Nación, con un marcado carácter idolátrico, ha acabado por secar la religiosidad católica en Cataluña.

Si hay que buscar en este poco halagüeño panorama una nota de esperanza, ésta bien podría encontrarse entre los sacerdotes jóvenes, pocos pero en su inmensa mayoría libres de nacionalismo, sin olvidar tampoco la pervivencia de un resto fiel que no se inclina ante el dios-Nación. El famoso lema de Torras i Bages, “Cataluña será cristiana o no será”, se está trágicamente confirmando en nuestros días: el nacionalismo, lejos de insuflar con una nueva vitalidad a Cataluña, lleva en sí la semilla de la destrucción de aquello que dice amar. Para vivir, Cataluña y, en especial la Iglesia en Cataluña, tendrá que librarse de esta ideología que actúa como un sucedáneo de la religión.

(Razón Española)