Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los resultados obtenidos por la providencial Epopeya Evangelizadora, son algo grandioso y único en su género: fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes (14)

La lengua castellana, otra joya heredada por los pueblos hispánicos de su madre común

“Fusión de lengua en esta labor pacientísima con que los misioneros ponían en el alma y en los labios, de los indígenas el habla castellana… Y paulatinamente se hizo el milagro de una Babel a la inversa, trocándose un pueblo de mil lenguas en una tierra que, valiéndome de una frase bíblica, no tenía más que un labio y una lengua, en la que se entendieron todos. Era la lengua ubérrima, dulce, clara y fuerte de Castilla”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934).

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Dejando de lado los valores humanos que la lengua española posee en sí misma—cada idioma posee los suyos—, el espíritu sobrenatural e independiente de Pío XII para mientes, sobre todo, en su aspecto de canal de la verdad evangélica en el Nuevo Mundo.

Fray Juan de ZumárragaEs verdad que los misioneros al principio se dedicaron a aprender con paciente amor la algarabía de las lenguas indígenas, y por medio de ellas enseñaban a los aborígenes los rudimentos de nuestra fe. Numerosos vocabularios, catecismos, devocionarios, evangelios, etc., fueron primorosamente dispuestos en los dialectos, indígenas y editados por los misioneros. Diccionarios y gramáticas de las lenguas americanas completaron poco a poco la ingente obra. Pero este laudable esfuerzo no bastaba. Sí se quería elevar a aquellas gentes a la altura de la Europa cristiana, era indispensable proporcionarles una lengua culta, acueducto exclusivo de hecho para recibir la ciencia eclesiástica superior. Por ello, los misioneros juzgaron necesario asimilar aquellos pueblos al habla castellana, y se entregaron con ánimo a la ímproba tarea. Fue un proceso de siglos; aún hoy no ha acabado del todo (284).

(284) Los mismos reyes fomentaban el estudio de nuestra lengua entre los naturales. Así vemos a Felipe IV mandar que se enseñe el idioma español a los indias para facilitar su evangelización, “y como quiera que esto, es de gran importancia… por consistir en el cumplimiento de esta orden el bien espiritual de esos naturales, excuso el encargaros su ejecución: porque si no velaseis en ello… faltaríais a vuestra obligación, con mucho riesgo de vuestra conciencia, que en esta parte os encargo, descargando la mía” (véase ,C. Bayle: Expansión misional dé España, pág. 14).

Con la unidad de fe, de cultura y de lengua se alcanzaba el ideal altísimo vislumbrado: “fundir en un solo pueblo—como ha dicho Pío XII—mediante la catequesis, la escuela y los colegios de Letras Humanas, el elemento indígena con las clases cultas venidas de Europa”, o—para emplear la frase con que el Papa. Clemente VIII había definido la admirable fusión de pueblos obrada en Filipinas—, obtener “repúblicas constituidas por la unión de miembros y elementos del Nuevo y del Viejo Mundo”.

Para este logro, la lengua castellana ha sido un elemento providencial, como dice expresamente Su Santidad Pío XII a los filipinos.

“Y ahora, para terminar, dos palabras, todavía, en una lengua para vosotros conocida (el Papa, que hasta aquí había hablado en inglés, continúa en castellano), que en estos momentos solemnes Nos ha parecido oportuno utilizar, no sólo por lo que ella supone en vuestra gloriosa historia, sino también, y mucho más, por lo que ha significado como elemento providencial para la evangelización de un gran pueblo—el vuestro—, cuya especial vocación parece ser la de abanderado mayor del Evangelio y de la Cruz en esas playas extremas del mundo, abiertas, como una promesa, a las inconmensurables extensiones del Pacífico”.

(Radiomensaje al II Congreso Eucarístico Nacional de Filipinas, 2-XII-1956).

Hablando al Perú, el Papa de la Hispanidad califica de preciado tesoro—junto con la fe y la civilización cristiana—la lengua que América aprendió de labios de su Madre espiritual.

“En Lima, ciudad de los Reyes, centro de vuestra nación, a la cual la gran Madre Patria, la católica España, llevó los preciosos tesoros de la fe, de la civilización cristiana y de la lengua, elegisteis rey vuestro a Cristo. Rey invisible de los sagrados tabernáculos, y jurasteis en vuestras almas servirle a Él sólo”.

(Radiomensaje al II Congreso Eucarístico Nacional del Perú, celebrado en Arequipa, 27-X-1940).