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Los niños y niñas son una mano de obra barata y, generalmente, sumisa. La mayoría desconoce sus derechos, no suelen quejarse y no tienen herramientas para enfrentarse a aquellos que les explotan. Muchos de los niños y niñas que trabajan en condiciones de esclavitud han sido alejados de sus familias, bien con engaños de que iban a poder estudiar y vivir mejor, bien haciéndoles desaparecer. Muchas familias pierden el rastro de sus hijos y desconocen la dolorosa situación que viven. Ese fue el caso de la madre de Rachidi, un pequeño togolés que fue vendido para ser esclavo doméstico en Nigeria. “Cuando volvió a casa gracias a los misioneros salesianos no me podía creer lo que mi hijo había vivido”, explicaba la mujer.

Las causas de que estos nueve millones de niños y niñas vivan como esclavos son variadas. La falta de oportunidades de los jóvenes, la pobreza de las familias, la falta de educación y la escasez de voluntad política son algunas.

La demanda de mano de obra barata y de ahorrar costes para vender productos más baratos también es la causa por la que más de 158 millones de menores se ven obligados a trabajar, y 73 millones lo hacen en trabajos peligrosos que pueden poner en riesgo sus vidas.

Las consecuencias del trabajo esclavo en la vida de estos niños y niñas son para siempre: enfermedades, malformaciones severas, malnutrición y falta de desarrollo… son consecuencias físicas, pero también sufren consecuencias psicológicas y, por supuesto, perpetúa la vulnerabilidad de las personas. La esclavitud infantil es causa y consecuencia de que esos menores sigan viviendo en la pobreza.

(MISIONES SALESIANAS)