Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

 La Hispanidad, firme y prometedora realidad (36)

“El Pilar de una dilatada y gloriosa estirpe” (2)

Dado ese profundo significado espiritual del Pilar de Zaragoza, los pueblos hispánicos del otro lado de los mares quisieron estar presentes continuamente junto al trono de la Madre común. Y ese deseo se convirtió en hermosa realidad gracias al entusiasmo de Mons. Ángel Jara, Obispo de Ancud, que pudo presentar en 1908 a la Soberana de la Hispanidad las 19 banderas de los 19 pueblos que allende los mares se proclaman hijos de la fe que María confirmó en Zaragoza.

Por ello, las banderas de la Hispanidad, que constantemente hacen guardia a María junto al Ebro, son un perenne testimonio de la gratitud de América a la Virgen aragonesa.

Justo pago—como dijo Mons. Jara en elocuentes palabras, al hacer entrega de las enseñas patrias—de otras joyas que dejó caer sobre la cuna del Nuevo Continente la Soberana de Castilla”. No podemos menos de transcribir aquí la parte más interesante del discurso del eminente prelado chileno, que nos ayudará a comprender los títulos del patrocinio de Nuestra Señora del Pilar sobre la Hispanidad entera.

“Asociados con esos viejos españoles que fueron nuestros padres, marchemos, señores, a ese santuario bendito del Pilar, donde todos ellos, al amparo del mayor de los Santiagos, el padre de nuestra fe cristiana, alzaron sus plegarias y encomendaron sus empresas antes de lanzarse a dilatar los dominios de Jesucristo en las almas… Obispos americanos aquí presentes, sigamos nuestra jornada hasta dejar suspendidas nuestras banderas, a manera de una imperial diadema, sobre la frente de María.

Y vosotros, pastores de la Iglesia hispana, magistrados y pueblo de la ciudad de Zaragoza, sed testigos de la entrega que hago, por honrosa comisión, del acta de esta ofrenda, suscrita por el Episcopado de la América española, en manos del dignísimo Arzobispo de esta Sede, heredero del báculo que empuñaron los Braulios y los Valeros, como delegado que es en este instante del eminentísimo Cardenal de Toledo, Primado de España y Patriarca de las Indias.

Sí, señores; guardad la memoria de este día, porque es anillo de oro que deja abrazados para siempre a los hijos y a los nietos de la vieja España sobre el Corazón de la Virgen del Pilar. Y cuando nuevas generaciones se levanten y os pregunten qué significan esas banderas enlazadas sobre los muros de la Basílica zaragozana, decidles, señores, que son los fúlgidos diamantes de UNA CORONA QUE LA AMERICA HA CEÑIDO A LAS SIENES DE LA UNICA REINA QUE NO MUERE, como justo pago de otras joyas que dejó caer sobre la cuna de este Nuevo Continente la Soberana de Castilla; decidles que estos pabellones son rayos de luz, que vienen de otro mundo para aumentar el brillo del sol que alumbra el Pilar de Zaragoza; decidles que son notas de un nuevo canto añadido al poema inmortal de las grandezas de María”.