Montserrat
Guerra de religión
«Si Hitler sólo hubiera tenido que enfrentarse a fuerzas de izquierda, habría ganado contundentemente la guerra. Ni la contienda europea de 1939-1941 ni la conflagración auténticamente mundial de 1941-1945 se limitaron a reproducir el conflicto español». La contienda se convirtió en una «pugna entre absolutos sociales, religiosos y culturales, que se considera que exige una solución total y sin concesiones». En buena medida, resultó una «guerra de religión». Las derechas se agruparon en torno al Ejército, bajo la jefatura del general Francisco Franco (Pedro Carlos González Cuevas – Razón Española)
Satanás tiembla Sigue leyendo
Para el historiador norteamericano, la guerra civil trajo consigo la revolución obrera «más amplia y prácticamente la más espontánea de las ocurridas en ningún país europeo, Rusia incluida”. El alzamiento fue, de hecho «una sublevación preventiva» contra el gobierno frente-populista y, en general, contra el proceso revolucionario. El bando nacional fue tan plural como el revolucionario; era «un amplio conjunto de fuerzas que iban desde los liberal-conservadores hasta los carlistas». Así, pues, no se trató de un conflicto entre fascismo y democracia sino entre revolución y contrarrevolución. (Pedro Carlos González Cuevas – Razón Española)
Aquella solución única o suprema en que el hombre, que resume en sus organismos a todos los seres inferiores de la creación, y, por la inteligencia y la voluntad de su espíritu, se acerca a las inteligencias separadas, es aquella naturaleza con la cual, hipostáticamente, se une el Verbo divino para realizar la unión sin confusión de lo finito y lo infinito en la persona divina de Cristo, que no es aquel Dios geómetra, invisible, sepultado entre las nubes, que, después de modelar la materia y lanzar a la humanidad sobre la tierra, se reclina en la eternidad, sordo a los lamentos y dolores de los hombres, sino Aquél que desciende entre los humanos y recoge todas las lágrimas y todas las tribulaciones en la Cruz; Aquél que se hizo carne y bebió hiel y vinagre y se dio por alimento a esos átomos humanos, sublevados muchas veces contra Él. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)
La persistencia del carlismo fue consecuencia del vigor del sentimiento religioso y del monarquismo «ultra» y de la «solidez de las instituciones tradicionales» en las provincias vascas, Aragón y Cataluña. El carlismo supuso una reactivación de la idea española y «cualquier forma pronunciada de nacionalismo español tendía a confundirse con el carlismo reaccionario y con el clericalismo divorciándose así de las tendencias dominantes en los asuntos públicos» (Pedro Carlos González Cuevas – Razón Española)