franco-caballero-de-la-milicia-de-jesucristoFranco y la Iglesia Católica
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Separata de la obra “El legado de Franco”

Brillaron de modo singular su prudencia, serenidad reflexiva y moderación. Era integrador. Escuchaba. Todos sus ministros, tan variados, proclaman la libertad de acción que les dejaba. Su tenor de vida estaba marcado por la sencillez, la austeridad y la mansedumbre. Nota significativa de amor al prójimo: no murmuraba, no consentía que se murmurase en su presencia, no secundaba las murmuraciones de personas de confianza.

Le tocaron tiempos durísimos: guerra, violencias y crímenes revolucionarios, invasión de guerrillas desde Francia, terrorismo (que aun ahora, diecisiete años después de su muerte y tras una amnistía, sigue sembrando de muertos a España). Los tribunales conforme a la ley dictaron penas de muerte. El Jefe del Estado concedió la gracia del indulto en muchos casos. Tras el primer proceso contra la ETA (Burgos 1973) agradeció al Consejo de Ministros su parecer favorable al indulto y lo concedió con alivio a los siete condenados a muerte, pues tal era su deseo. En 1975, habiendo crecido la brutalidad terrorista, no hubo unanimidad en el Consejo, y con dolor cumplió lo que estimaba su deber de respeto a las instituciones concediendo sólo un indulto parcial.

Un hecho bien singular es la coincidencia entre sus manifestaciones públicas y sus manifestaciones confidenciales, al revés de lo que ocurre con otros personajes de la historia, cuando los parientes o los “ayudas de cámara” desvelan su intimidad. Hablaba desde la convicción, y sus actitudes cautelosas nada tenían que ver con la ficción y el oportunismo, tan frecuentes en los políticos. Expresa bien esta coherencia el P. Garrido: “No hay división entre su vida privada, su actuación como Jefe de Estado y su pensamiento, tanto si éste se expresa en conversaciones privadas como si se dirige a todo el pueblo de España, tanto si habla con eclesiásticos en cualquier grado de su Jerarquía, como si trata con personas sencillas o con periodistas de ámbito nacional o internacional”.

Colofón ineludible. Hay un hecho histórico que es un signo en la perspectiva de la Iglesia: su influjo después de la muerte en la fe de muchos. En 1975 no pocos Obispos apelaron a su intercesión celeste, lo mismo que numerosos visitantes de su tumba. Entre estos, muchos sintieron reavivada su fe adormecida. Los monjes del Valle de los Caídos atestiguan el hecho de abundantes conversiones. En 1988 escribe el Padre Garrido: “Su tumba sigue siendo venerada con gran fervor por grandes multitudes”… “He sido testigo de cómo su sepulcro es meta de continuas visitas y de oraciones fervorosas, incluso de manifestaciones de gratitud por los favores recibidos gracias a su intercesión”.

Un Prelado español en noviembre de 1977, tras evocar junto a su tumba los motivos de la alabanza de la Iglesia a la actitud y la obra de Franco, proclamó: “Por todo ello la Iglesia sintió a Franco como muy suyo, al igual que, sin entrar en controversias históricas, sigue teniendo por muy suyos al rey San Luis de Francia y al rey San Fernando de España”.