francisco de asis
P. Manuel Martínez Cano, mCR.

Hay quienes han convertido la espiritualidad de San Francisco de Asís en un panteísmo grosero o politeísmo pagano. San Francisco no adoraba “al hermano sol”. Daba gracias al “Altísimo, omnipotente buen Señor… por el hermano Sol… Y cantaba: “Loado seas, mi Señor, por nuestra madre Tierra”. Transcribiremos el canto del Hermano Sol al final de este artículo.

Hace 30 años un antiguo alumno se casó. El matrimonio tenía cuatro hijos. Hacía años que él observaba cosas raras en su mujer. El obispado le concedió la nulidad del matrimonio. Desde muy niña, su padre le explicaba que Dios es el sol y le enseñó unas prácticas religiosas paganas.

No es el primer misionero que me ha dicho que, por sus tierras de misión, muchas personas adoran a la Tierra como a una diosa. Y ya sabemos la multitud de diosecillos que nos han llegado de los cinco continentes.

Las “civilizaciones más civilizadas” protegen con sus leyes a los animales en riesgo de extinción. Y en esas mismas “civilizaciones” se asesinan a millones de niños y niñas cada año. Es el culto a Satanás, como ha afirmado el presidente de los médicos católicos de todo el mundo.

San Francisco de Asís amaba a todas las cosas creadas por Dios. Alababa al Dios Altísimo, al contemplar la más pequeña de las criaturas salidas de las manos de Dios: “Hermanos pájaros, mucho debéis alabar a nuestro Criador y amarle siempre, porque os dio plumas para vestir, alas para volar y todo cuanto os era menester”.

San Francisco de Asís amaba intensa y tiernamente a Jesús, el Verbo Encarnado, a la Naturaleza Humana de Jesús engendrada en las purísimas entrañas de la Niña Hermosa de Nazaret, la Virgen Santísima. Siempre visitaba a Jesús en las iglesias que encontraba en su camino. Noches enteras de Adoración. Su grandísima humildad, le impidió ser ordenado sacerdote.

Una buena mañanica, sentado con unos hermanos frailes al lado de la cabaña en que vivía cerca de San Damiano, compuso su místico “Canto del hermano Sol”. No lo lea, por favor, medítelo de hito en hito que diría San Ignacio de Loyola.

 

Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, convienen,
y ningún hombre es digno de nombrarte.

Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente micer el hermano sol,
el cual hace el día, y nos da la luz.

Y él es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado, y sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustentamiento.

Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil y humilde, y preciosa, y casta.

Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche,
y él es bello y jocundo, y robusto y fuerte.

Loado seas, mi Señor, por nuestra madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna,
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.

Loado seas, mi Señor, por quienes perdonan por tu amor,
y soportan enfermedad y tribulación.

Bienaventurados los que sufren en paz,
porque por ti, Altísimo, coronados serán.

 

San Francisco sabe que la hermana muerte viene a buscarle y en la Porciúncula les pide a los frailes que le canten el himno del hermano Sol. Cuando terminan, nuestro santo añade estas estrofas:

Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

¡ay de aquellos que mueran en pecado mortal!
Bienaventurados aquellos que acertaren a cumplir su santísima voluntad,
pues la muerte segunda no les hará mal.

Load y bendecid a mi Señor, y dadle gracias y servidle con gran humildad.

El domingo 4 de octubre de 1224, a los cuarenta y cinco años de edad entrega su alma a Dios.

¡ay de aquellos que mueran en pecado mortal!

¡Sirvamos al Altísimo con gran humildad!