jesusMeditaciones del Padre Giovanni Salerno, msp

5ª estación: Jesús es ayudado por el cirineo a llevar la cruz

V/. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R/. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

V/. Te adoramos, Cristo Señor, y te bendecimos.

R/. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según Mateo (27, 32; 16,24)

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz (de Jesús). (…)

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”.

Simón de Cirene, llamado “el cirineo”, un campesino que regresaba de trabajar en el campo, estaba muy lejos de pensar que sería llamado -mejor dicho, obligado-por los soldados (cfr. Mt 27, 32) a ayudar a Jesús a cargar la cruz detrás de él; pero al final aceptó, “tal vez por bondad, pero de todos modos por necesidad, porque los soldados romanos, en los países que ocupaban, tenían el derecho de obligar a cualquiera a ayudarlos. Si un soldado te impone un trabajo -escribe Arriano (siglos I-II d.C.)-¡ten mucho cuidado! No opongas resistencia ni murmures siquiera, porque de otra manera serás molido a palos: No sabemos otra cosa de este hombre compasivo que prestó sus hombros para aliviar los de Jesús; pero sabemos que dos hijos suyos, Alejandro y Rufo, fueron cristianos, y es muy probable que haya sido precisamente él a convertirlos narrándoles aquella muerte de la que fue obligado testigo” (Giovanni Papini, Historia de Cristo); y Jesús lo premió no sólo con este regalo, sino también haciendo de él “casi el símbolo del discípulo que sigue a su Maestro” (La Bibbia: Via, Verita e Vita, Nueva versión de la Conferencia Episcopal Italiana, 2009, p. 2214, comentando a Lc 23,26).

Muchos jóvenes han sido escogidos y llamados por Dios para continuar la misma misión de Jesús en la tierra, pero lamentablemente, ante el sacrificio han retrocedido. He visto a muchos jóvenes y a muchas jóvenes venir aquí decididos a consagrar su vida a Dios y a los pobres. Pero, notando los sacrificios que la vida misionera conllevaba, han dado marcha atrás.

“Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios” (Lc 9, 62). “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; el que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí” (Mt 10, 37-38).

Padre nuestro…

Eja, Mater, fons amoris,
me sentire vim doloris
fac, ut tecum lugeam.

Fac ut ardeat cor meum
in amando Chistum Deum
ut sibi complaceam.

Oh Madre, fuente de amor,
haz que yo sienta la fuerza del dolor,
para que llore contigo;

haz que arda mi corazón
amando a Cristo Dios
hasta que le complazca.

Santa Madre, yo te ruego:
¡graba aquí en mi corazón
las heridas del Señor!

O también:

V/. Señor, pequé: ten misericordia de mí.

R/. Pecamos, y nos pesa: ten misericordia de nosotros.