Franco-03Franco y la Iglesia Católica
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Separata de la obra “El legado de Franco”

II Convergencia inicial de la Iglesia con Franco como liberador de la Iglesia perseguida

Damos aquí un compendio acerca de la persecución contra la Iglesia, y de la posición de ésta ante el alzamiento y la guerra y su valoración como cruzada. La documentación histórica en que se funda es copiosísima. El lector que quiera ir al núcleo, puede concentrarse en la Carta Colectiva del Episcopado español, que en 1937, tras un año de guerra, dirigieron a los Obispos del mundo todos los prelados residentes en España, para informarles con una “exposición de los hechos que caracterizaban la guerra y le daban su fisonomía histórica”. Los entrecomillados de este capítulo sin mención de autor pertenecen a esa Carta. Están también publicados los in-, formes secretos que el Cardenal Gomá, Arzobispo Primado, envió a la Santa Sede a lo largo de la guerra: los cuales por la representatividad real del autor y por su alejamiento de cualquier publicidad constituyen fuente definitiva respecto al sentir de la Iglesia.

  1. Persecución en la República y en la “zona roja” de la guerra. Martirios

Sobre la persecución sistemática en tiempo de la República (1931-1936) antes de la guerra, baste evocar unos hechos notorios. Fue denunciada solemnemente por el Papa Pío XI y por el Episcopado ante el mundo entero. La Constitución de la República y las Leyes que la desarrollaron (1931-1933) sometieron a la Iglesia (a la institución y a los ciudadanos católicos) a los siguientes vejámenes:

Privación del derecho a la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y retirada de los crucifijos. Prohibición a las Congregaciones Religiosas de ejercer la enseñanza, apenas paliada por retrasos en la ejecución y por iniciativas creadoras de nuevos colegios; en 1936 el Gobierno manda ocupar los edificios. Disolución de las Ordenes con voto especial de obediencia al Papa, que se aplicó a la Compañía de Jesús, con nacionalización e incautación efectiva de todos sus bienes muebles e inmuebles y supresión de la vida en común. Nacionalización de todos los inmuebles de la Iglesia (templos, seminarios, conventos, etc.) y de todo el mobiliario destinado al culto. Extinción del Presupuesto del Clero, con el que se compensaban en parte las rentas de los bienes raíces anteriormente incautados: de donde, estrechez y aun miseria para el común de los sacerdotes. Leyes contra la institución familiar (secularización del matrimonio, divorcio, aborto). Precariedad en la asistencia religiosa a los católicos acogidos en centros asistenciales. Intromisión estatal en la vida de las Congregaciones Religiosas. Restricción del culto fuera de los templos e incautación de los cementerios. Todo, agravado porque, al multiplicarse las arbitrariedades abusivas de autoridades subalternas, solían quedar impunes.

Los Obispos de entonces resumieron así la situación: se trata a la Iglesia “no como persona moral y jurídica reconocida y respetada dentro de la legalidad constituida, sino como un peligro, cuya compresión y desarraigo se intenta con normas y urgencias de orden público”. Los Obispos subrayan la lesión del derecho de enseñanza como tiranía a favor del ateísmo social; y como aspecto característico de la agresión de la República (que aparece al desnudo en la supresión de la Compañía de Jesús), el tratar al Papa como un Poder extranjero, desconociéndolo como cabeza de la Iglesia en España.