ciencia y feManuel Mª Domenech Izquierdo

«Hoy, más que nunca, la supervivencia -la de usted, la mía y la de nuestros hijos-depende de nuestra adhesión a los principios éticos. Solamente la ética decidirá si la energía atómica ha de ser una bendición o el origen de la destrucción total de la humanidad. ¿De dónde procede el deseo de actuar con arreglo a los principios morales de la ética? ¿Qué es lo que nos hace desear ser morales? Creo que hay dos fuerzas que nos impulsan. Una de ellas es la creencia en el Juicio Final, en el que tendremos que dar cuenta de lo que hicimos con el gran don que nos concedió Dios: la vida terrenal. La otra es la creencia en un alma inmortal, un alma que disfrutará de la recompensa o sufrirá el castigo decretado en el Juicio Final. La creencia en Dios y en la inmortalidad es lo que nos da la fuerza moral y la orientación ética que necesitamos prácticamente para todas las acciones de nuestra vida cotidiana. En nuestro mundo moderno mucha gente parece experimentar la sensación de que, en cierto modo, la ciencia ha dejado anticuadas o fuera de lugar las ideas religiosas. Pero yo creo que la ciencia reserva una verdadera sorpresa a los escépticos. La ciencia, por ejemplo, nos dice que nada en la naturaleza, ni la más ínfima partícula, puede desaparecer sin dejar rastro. Hay que pensar acerca de esto. Si se hace así los pensamientos acerca de la vida no volverán a ser ya los mismos. La ciencia ha demostrado que nada puede desaparecer sin dejar rastro. La naturaleza no conoce la extinción. Sólo sabe de la transformación. Entonces, si Dios aplica este principio fundamental a las partes más diminutas e insignificantes de su universo, ¿no es lógico suponer que lo aplique a la obra maestra de su creación: al alma humana? Yo creo que sí lo es. Y todo lo que la ciencia me ha enseñado y continúa enseñándome refuerza mi creencia espiritual después de la muerte. Nada desaparece sin dejar rastro».

«Poco a poco fui descubriendo que, para ser realistas, también mis oraciones tendrían que desplazarse a una nueva dimensión. Empecé a hacerlo a diario, a todas horas, y no esporádicamente, en el momento de “apretar el botón y esperar”. Hice largos recorridos por el desierto, donde podía estar solo y orar. Por la noche oraba con mi mujer. Según iba tratando de comprender mis problemas, traté de hallar la voluntad de Dios actuando sobre ellos. En esta era de vuelos espaciales y fisión nuclear, el uso del poder requiere un clima moral y ético que -francamente-, no creo poseer ahora. Solamente podernos alcanzarlo a través de muchas horas de esa profunda concentración que llamamos oración. Me pregunto: ¿estamos dispuestos a hacerlo? Yo me esforzaré por ello. La oración puede ser el más duro de los trabajos…, pero ciertamente es el más importante entre todos los que podamos realizar».

Wernher Von Braun. Pionero de la astronáutica moderna, primer constructor de los cohetes que han puesto en órbita los satélites de comunicaciones y al hombre en la Luna.

«Ciencia y Religión se entrelazan como dos helicoides que marchan juntas en la misma dirección: hasta Dios».

Max Karl Ernst Ludwig Planck Iniciador de la Física Cuántica, cuyas últimas consecuencias aun no hemos alcanzado y que ha hecho posible el transistor y el LASER, la música digitalizada y los ordenadores personales.