hitosIsabel

María modelo perfecto

El modelo perfecto de esta espiritualidad apostólica es la Santísima Virgen María, Reina de los Apóstoles, la cual, mientras vivió en este mundo una vida igual a la de los demás, llena de preocupaciones familiares y de trabajos, estaba enteramente, unida con su Hijo y cooperó de modo singularísimo a la obra del Salvador; y ahora, asunta a los cielos, “cuida con amor materno de los hermanos de su Hijo que peregrinan todavía y se ven envueltos en peligros y angustias hasta que lleguen a la patria feliz”. Hónrenla todos con suma devoción y encomienden su vida apostólica a la solicitud materna de María. (Decreto sobre el apostolado de los seglares 4)

La mujer

Edith Stein

De esto depende otra cosa más. Si, llenos de confianza hemos puesto todas nuestras necesidades de la vida terrena en el corazón divino, nuestros corazones se verán libres de ellas y nuestra alma quedará libre para la participación de la vida divina: andemos al lado del Salvador el camino que él recorrió en esta tierra durante su vida humana y que todavía recorre en su vida mística que continúa; con los ojos de la fe penetremos en la profundidad secreta de su vida escondida en el seno de la divinidad.

El hombre nuevo democrático

En su celebérrimo Discurso del método, Descartes propone una visión mecanicista de la naturaleza que, aplicada a la sociedad, inspiraría esta funesta idea de “resetear” el mundo, empezando naturalmente por el hombre. Una vez que el mundo es concebido como una suerte de teorema matemático, resulta inevitable que tarde o temprano surja el deseo de fabricar un mundo más perfecto, habitado por hombres que se hayan despojado de las cargas y gravámenes antiguos (¡empezando por el odioso pecado original!), para convertirse en una raza de dioses que imponen su sacrosanta voluntad sobre la realidad, remodelándola, negándola, refutándola y, en caso de que tales técnicas se revelen estériles (como suele ocurrir, porque la realidad es muy tozuda), haciendo como si no existiese. Este voluntarismo vesánico (y a la vez irrisorio) daría lugar a una serie de deformaciones racionalistas que a hora no tenemos tiempo de analizar: revisionismos históricos, idealismos filosóficos y constructivismos antropológicos de toda índole, con frecuencia aberrantes y casi siempre desquiciados. (Juan Manuel de Prada – VERBO)

Elevar a la mujer

El año 1918, al fin de la primera guerra europea, el gran Kahal de Nueva York dio esta consigna: “Hay que desnudar a la mujer y prostituirla y a través de ella corromper a los perros cristianos. Hay que destruir la familia. Hay que legalizar el divorcio y el aborto, y más adelante la sodomía”.

Comparando las revistas ilustradas de entonces y de ahora, y las leyes que se están dando veremos que la consigna está cumplida. Pero que sea España, como ha dicho monseñor Guerra Campos, el único país del mundo donde el divorcio lo hayan traído los católicos, es terrible. ¡Pobres políticos, que no son católicos, porque el que legisla contra Dios no está con Dios; y pobres españoles que apoyaron y apoyan a esos políticos anticatólicos!

La consigna contraria es la que ha venido proclamando la Iglesia a través de toda su historia, desde que el dulce Nazareno a las orillas del Jordán proclamó la unidad e indisolubilidad del matrimonio: uno con una y para siempre, porque si el hombre tiene derecho a una mujer, la mujer, que tiene tanto o más corazón, tiene derecho a un hombre. ”Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mt. 19, 6). Hay que elevar a la mujer y santificarla y a través de ella salvar al hombre y a la sociedad humana. Porque si perdemos a la mujer ella volverá a perder al género humano. (P. Jesús González-Quevedo, s.j.)

Homosexualidad y esperanza

Terapeutas experimentados pueden ayudar a individuos a descubrir y comprender las causas profundas de los traumatismos emocionales que dieron origen a la atracción por el mismo sexo y poder seguir la terapia que va a ayudar a resolver ese problema. Hombres que experimentan atracción por su propio sexo, a menudo descubren que su identidad masculina fue afectada negativamente por sentimientos de rechazo por parte de su padre, o de sus iguales, o de una imagen corporal pobre que resulta en tristeza, rabia e inseguridad. Al mejorar el sufrimiento emocional en la terapia, la identidad masculina es reforzada y la atracción por el propio sexo disminuye. (Asociación Médica Católica – AMCA)

 

 

 

 

 

 

Combates

¿Qué escribiría hoy el admirado Louis Veuillot que ya se refería así respecto a la sociedad de su tiempo?

“Una patria abandonada… sofistas en todas las tribunas, desgraciados por doquiera, doquiera orgías, doquiera gemidos, doquiera siniestras convulsiones… y en vísperas de formidables acontecimientos que están para venir, ¿vamos a ir, dejando a un lado este gran cuidado, a arrojarnos a una copa, a cantar a los pies de una mujer, para que al venir el enemigo a asaltarnos o el desgraciado a suplicarnos, nos encuentre dormidos entre la copa agotada y la mujer sin amor? Hoy los hombres necesitan otra cosa: ¡Un ideal! ¡Una espada!, combates, y que ese rebaño de amorosos, de ambicioso, de egoístas se engorde, si quiere, con todos los placeres de la tierra. Todo el que ha recibido de Dios el don magnífico de una alma y de una inteligencia, nunca ha tenido menos que hoy el derecho de abdicar; nunca Dios ha dicho más claramente a la libertad humana. ¡Está dispuesta! ¡Quiero servirme de Ti!”. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

Dignidad de la persona humana

– Originariamente – proviene del etrusco -, se utilizaba para designar el papel típico de un determinado carácter. En el uso actual hay que distinguir entre individuo y persona. No son términos exactos entre sí. La individualidad significa la diferencia entre uno y otro. La personalidad entraña participar en la historia de la familia, de la sociedad y del mundo. La dignidad de la persona procede de los grandes dones que le ha dado Dios en el orden natural y sobrenatural. Naturalmente, la grandeza de la persona radica en su alma racional, libre, inmortal. Sobrenaturalmente la dignidad se sublima en la filiación divina que nos alcanzó Jesucristo por medio de la Redención. Delante de Dios se tiene tanta más dignidad, cuanta mayor gracia santificante se alcanza. La dignidad de los que no tienen gracia está en el amor que hemos de sentir por ellos para que logren el fin de su existencia, que es la gracia – don gratuito de Dios -, y que nos hace partícipes de su naturaleza y merecedores de la bienaventuranza. (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)

Integridad de doctrina

¿Y cómo se evangeliza? Mediante el testimonio y la proclamación de la Verdad, del Evangelio. En efecto, “evangelizar, recuerda  el Beato Pablo VI, es, ante todo, dar testimonio, de una manera sencilla y directa, de Dios, revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo”. Pero, como él mismo indica, el testimonio no es suficiente, “pues el más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente si no es esclarecido, justificado – lo que Pedro llamaba dar “razón de vuestra esperanza” -, explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús (…). No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios”. Y el resultado de la evangelización, si ésta se ha logrado, es la adhesión a la Iglesia, a la integridad de su doctrina, a la vida sacramental y a la iniciativa de apostolado.

(Estanislao Cantero – Verbo)