zzzzinte1Pope Francis (R) greets a boy during an audience with parish cells for the evangelization in Paul VI hall at the Vatican on September 5, 2015.   AFP PHOTO / FILIPPO MONTEFORTE zzzzPapa Francisco

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es “la belleza del amor salvífica de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado” (Exh. ap. Evangelii gaudium. 36), el primer anuncio que “siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis” (ibíd., 164). La Misericordia entonces “expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer” (Misericordiae vultus. 21), restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así.

Cardenal Müller

Un aspecto que hoy ha surgido corno elemento nuevo es la prevalencia de las aportaciones de las ciencias humanas para el análisis teológico. En particular aquellas que consisten en rastrear el sentir del Pueblo de Dios sobre algunas materias e intentar luego presentar esos antecedentes como parte de lo que sería un nuevo sentir de los fieles, diverso al que durante décadas, centurias o milenios ha existido. “El disenso apela a veces a una argumentación sociológica, según la cual la opinión de un gran número de cristianos constituiría una expresión directa y adecuada del sentido sobrenatural de la fe” (Ibíd., 35)

Cardenal Gualtiero Bassetti

Son  tres palabras sencillísimas. La primera es “permiso”. Dentro de la familia, siempre debe existir un profundo respeto por la persona. Permiso significa que yo te respeto, como persona. La segunda palabra es “gracias”, aunque sea sólo por una pequeña señal de afecto, que es la gratitud. No cuesta nada decir “gracias” y, además, la experiencia de quien ha tenido este gesto de afecto, bondad y misericordia en relación con uno mismo es algo que gratifica mucho y da felicidad. La tercera palabra es “disculpa” o “perdón”, ya que es imposible que alguien llegue al final de la jornada sin que se haya producido alguna incomprensión o pequeño enfrentamiento o que, incluso, como dice el Papa, se hayan tirado algunos platos. Lo más importante es mirar a los ojos y pedir “disculpas”.

Cardenal Mauro Piacenza

Aunque cambien las circunstancias históricas y culturales y cambien – a veces – los modos de expresarse, ¡el eterno Evangelio de Cristo no puede cambiar! Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

Ámel Nona, Arzobispo de Mosul, (Iraq)

Para nosotros es una gran esperanza saber que el resto de los cristianos se preocupan por nosotros. Por eso os pedimos que seáis fuertes. Nosotros no tenemos miedo a morir allí. Lo importante no es morir, sino vivir bien cada momento. Y nosotros lo estamos haciendo muy bien. Ningún cristiano ha renunciado a su fe. No estamos tan preocupados por nosotros como por Occidente, donde se pierde la fe.

Arzobispo Juan José Omella

La primera es la de la inhabitación: Dios en nosotros y nosotros en Él. Acercarse a la mesa del Señor, a comulgar de su Cuerpo y de su Sangre, es responder a la llamada del Señor y decirle que entre dentro de nosotros. Él está llamando diariamente a la puerta de nuestro corazón a través de su Palabra, de los acontecimientos de la vida y de sus indicaciones en el silencio de nuestro corazón: “Si alguno oye mi voz, y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”. (Ap 3, 20)

 

 

Papa Francisco

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es “la belleza del amor salvífica de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado” (Exh. ap. Evangelii gaudium. 36), el primer anuncio que “siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis” (ibíd., 164). La Misericordia entonces “expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer” (Misericordiae vultus. 21), restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así.

Cardenal Müller

Un aspecto que hoy ha surgido corno elemento nuevo es la prevalencia de las aportaciones de las ciencias humanas para el análisis teológico. En particular aquellas que consisten en rastrear el sentir del Pueblo de Dios sobre algunas materias e intentar luego presentar esos antecedentes como parte de lo que sería un nuevo sentir de los fieles, diverso al que durante décadas, centurias o milenios ha existido. “El disenso apela a veces a una argumentación sociológica, según la cual la opinión de un gran número de cristianos constituiría una expresión directa y adecuada del sentido sobrenatural de la fe” (Ibíd., 35)

Cardenal Gualtiero Bassetti

Son  tres palabras sencillísimas. La primera es “permiso”. Dentro de la familia, siempre debe existir un profundo respeto por la persona. Permiso significa que yo te respeto, como persona. La segunda palabra es “gracias”, aunque sea sólo por una pequeña señal de afecto, que es la gratitud. No cuesta nada decir “gracias” y, además, la experiencia de quien ha tenido este gesto de afecto, bondad y misericordia en relación con uno mismo es algo que gratifica mucho y da felicidad. La tercera palabra es “disculpa” o “perdón”, ya que es imposible que alguien llegue al final de la jornada sin que se haya producido alguna incomprensión o pequeño enfrentamiento o que, incluso, como dice el Papa, se hayan tirado algunos platos. Lo más importante es mirar a los ojos y pedir “disculpas”.

Cardenal Mauro Piacenza

Aunque cambien las circunstancias históricas y culturales y cambien – a veces – los modos de expresarse, ¡el eterno Evangelio de Cristo no puede cambiar! Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

Ámel Nona, Arzobispo de Mosul, (Iraq)

Para nosotros es una gran esperanza saber que el resto de los cristianos se preocupan por nosotros. Por eso os pedimos que seáis fuertes. Nosotros no tenemos miedo a morir allí. Lo importante no es morir, sino vivir bien cada momento. Y nosotros lo estamos haciendo muy bien. Ningún cristiano ha renunciado a su fe. No estamos tan preocupados por nosotros como por Occidente, donde se pierde la fe.

Arzobispo Juan José Omella

La primera es la de la inhabitación: Dios en nosotros y nosotros en Él. Acercarse a la mesa del Señor, a comulgar de su Cuerpo y de su Sangre, es responder a la llamada del Señor y decirle que entre dentro de nosotros. Él está llamando diariamente a la puerta de nuestro corazón a través de su Palabra, de los acontecimientos de la vida y de sus indicaciones en el silencio de nuestro corazón: “Si alguno oye mi voz, y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”. (Ap 3, 20)

 

 

Papa Francisco

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es “la belleza del amor salvífica de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado” (Exh. ap. Evangelii gaudium. 36), el primer anuncio que “siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis” (ibíd., 164). La Misericordia entonces “expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer” (Misericordiae vultus. 21), restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así.

Cardenal Müller

Un aspecto que hoy ha surgido corno elemento nuevo es la prevalencia de las aportaciones de las ciencias humanas para el análisis teológico. En particular aquellas que consisten en rastrear el sentir del Pueblo de Dios sobre algunas materias e intentar luego presentar esos antecedentes como parte de lo que sería un nuevo sentir de los fieles, diverso al que durante décadas, centurias o milenios ha existido. “El disenso apela a veces a una argumentación sociológica, según la cual la opinión de un gran número de cristianos constituiría una expresión directa y adecuada del sentido sobrenatural de la fe” (Ibíd., 35)

Cardenal Gualtiero Bassetti

Son  tres palabras sencillísimas. La primera es “permiso”. Dentro de la familia, siempre debe existir un profundo respeto por la persona. Permiso significa que yo te respeto, como persona. La segunda palabra es “gracias”, aunque sea sólo por una pequeña señal de afecto, que es la gratitud. No cuesta nada decir “gracias” y, además, la experiencia de quien ha tenido este gesto de afecto, bondad y misericordia en relación con uno mismo es algo que gratifica mucho y da felicidad. La tercera palabra es “disculpa” o “perdón”, ya que es imposible que alguien llegue al final de la jornada sin que se haya producido alguna incomprensión o pequeño enfrentamiento o que, incluso, como dice el Papa, se hayan tirado algunos platos. Lo más importante es mirar a los ojos y pedir “disculpas”.

Cardenal Mauro Piacenza

Aunque cambien las circunstancias históricas y culturales y cambien – a veces – los modos de expresarse, ¡el eterno Evangelio de Cristo no puede cambiar! Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

Ámel Nona, Arzobispo de Mosul, (Iraq)

Para nosotros es una gran esperanza saber que el resto de los cristianos se preocupan por nosotros. Por eso os pedimos que seáis fuertes. Nosotros no tenemos miedo a morir allí. Lo importante no es morir, sino vivir bien cada momento. Y nosotros lo estamos haciendo muy bien. Ningún cristiano ha renunciado a su fe. No estamos tan preocupados por nosotros como por Occidente, donde se pierde la fe.

Arzobispo Juan José Omella

La primera es la de la inhabitación: Dios en nosotros y nosotros en Él. Acercarse a la mesa del Señor, a comulgar de su Cuerpo y de su Sangre, es responder a la llamada del Señor y decirle que entre dentro de nosotros. Él está llamando diariamente a la puerta de nuestro corazón a través de su Palabra, de los acontecimientos de la vida y de sus indicaciones en el silencio de nuestro corazón: “Si alguno oye mi voz, y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”. (Ap 3, 20)