palabraMaría

De entre ellos surgirá un príncipe, su gobernante saldrá de entre ellos; lo acercaré y estará junto a mí, pues ¿quién arriesgaría su vida por ponerse cerca de mí?—oráculo del Señor—. Y vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios. (Jeremías 30, 21-22)

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Pues sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción, daros un porvenir y una esperanza. Me invocaréis e iréis a suplicarme, y yo os escucharé. Me buscaréis y me encontraréis, si me buscáis de todo corazón. (Jeremías 29, 11-13)

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Y gritó con fuerte voz: Cayó, cayó la gran Babilonia. Y se ha convertido en morada de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo, en guarida de todo pájaro inmundo y abominable; Y oí otra voz del cielo que decía: Pueblo mío, salid de ella, para que no os hagáis cómplices de sus pecados y para que no os alcancen sus plagas; porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus crímenes. (Apocalipsis 18, 2. 4-5)

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Pero brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Lo inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas. (Isaías 11, 1-3)

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Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos. (Isaías 61, 11)

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Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os llama es fiel, y él lo realizará. (1 Tesalonicenses 5, 23-24)

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Comportaos así, reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz. (Romanos 13, 11-12)

Ira y furor del Señor

Azufre y sal, tierra calcinada donde no se siembra, ni brota ni crece la hierba, catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, Adamá y Seboín, arrasadas por la ira y la cólera del Señor— se preguntará junto con todas las naciones: “¿Por qué trató el Señor así a esta tierra? ¿Qué significa esta cólera terrible?”. Y les responderán: “Porque abandonaron la alianza que el Señor Dios de sus padres concertó con ellos al sacarlos de la tierra de Egipto y fueron a servir a otros dioses y se postraron ante ellos —dioses que no conocían y que él no les había asignado—; por eso la ira del Señor se encendió contra esta tierra, haciendo recaer sobre ella todas las imprecaciones escritas en este libro; por eso, el Señor los arrancó de su suelo con ira, furor y gran indignación, y los arrojó a otra tierra, como sucede hoy”. (Deuteronomio 29, 22-27)