iglesiaPapa Francisco

Cuánta alegría ha brotado en el corazón de estas dos mujeres, la adúltera y la pecadora. El perdón ha hecho que se sintieran al fin más libres y felices que nunca. Las lágrimas de vergüenza y de dolor se han transformado en la sonrisa de quien se sabe amado. La misericordia suscita alegría porque el corazón se abre a la esperanza de una vida nueva. La alegría del perdón es difícil de expresar, pero se trasparenta en nosotros cada vez que la experimentamos. En su origen está el amor con el cual Dios viene a nuestro encuentro, rompiendo el círculo del egoísmo que nos envuelve, para hacernos también a nosotros instrumentos de misericordia.

Cardenal Mauro Piacenza

Tal Amor intratrinitario, sin embargo, no puede configurarse en Sí mismo como misericordia, porque no conoce «jerarquía ontológica» alguna entre las Tres Divinas Personas, que son iguales en la única y misma Naturaleza. ¡No sería en absoluto aceptable la idea de que el Padre hubiese de «tener misericordia» del Logos o del Espíritu Santo!

¿Cuándo, entonces, podemos comenzar a afirmar, con el Salmo, que «es eterna su misericordia»? (Sal. 135). Cuando Dios crea. Cuando Dios crea el cosmos espiritual y el materia y, sobre todo, cuando crea al hombre, partícipe a la vez de uno y otro. Dios, que es comunión de Personas, en Sí mismo relación con otro distinto de Sí, puede también crear, concebir algo que es «totalmente otro» de Sí.

Cardenal Antonio Cañizares

Los misioneros, tan queridos y admirados por la comunidad eclesial, con su misma existencia, proclaman sin fin las gracias del Señor. No pocas veces este «sin fin» ha llegado hasta el derramamiento de la sangre ¡cuántos han sido testigos de la fe en el siglo pasado! Es también, gracias a su generosa donación, que el reino de Dios ha podido dilatarse. A ellos va nuestro recuerdo agradecido, acompañado de la oración. Su ejemplo es de estímulo y de sostén para todos los fieles, los cuales pueden sentir ánimo viéndose rodeados de un número tan grande de testigos, que con su vida y su palabra han hecho y hacen resonar el Evangelio en todos los continentes.

Arzobispo José H. Gómez

Para afrontar esta peligrosa dirección que está tomando nuestra sociedad, como católicos debemos comprometernos a ser personas de oración y compasión. Tenemos que pedir la fuerza y la sabiduría, y así como lo hicieron los apóstoles, necesitamos orar por quienes ostentan la autoridad.

Tenemos que defender nuestra libertad de servir a Dios y de seguir y promover la hermosa visión de la dignidad humana y de la felicidad que Jesús nos ha dado.

Arzobispo Jean Abdou Arbach

Estamos viviendo una guerra contra todo el pueblo sirio. Musulmanes, cristianos, minorías religiosas… todos somos víctimas. Como ha dicho el Papa en varias ocasiones, la paz es posible, en cualquier momento. Si los poderes mundiales quisieran, se podrían poner de acuerdo y parar la guerra ahora mismo. Si no hay voluntad política, si no quieren, la guerra continuará… Nadie puede saber cuándo acabará la guerra. No obstante, en nuestras oraciones, pedimos a Dios que ilumine a los líderes del mundo para que den paz a nuestro país. ¡Estamos cansados de esta guerra! ¡Ya basta!

Obispo José Mª Yanguas Sanz

El cristiano, si quiere serlo verdaderamente, ha de empeñarse en la misión recibida de Dios: el área ineludible de procurar que las relaciones sociales estén presididas por la justicia, el amor y la paz. Su empeño es configurar la sociedad de acuerdo con el querer de Dios «saneando las estructuras y los ambientes del mundo», las instituciones y costumbres, es decir, «ese tejido de convicciones fundamentales que se manifiestan en la forma de vida, que dan concreción al consenso sobre los indiscutibles valores fundamentales de la vida humana», como decía también Benedicto XVI. Es tarea del cristiano contribuir con lo mejor de sí a que el amor y la libertad de Cristo presidan todas las manifestaciones de la vida de los hombres; la cultura y la economía, el trabajo y el descanso, la vida de familia y la convivencia social. Orientar, en una palabra, con sentido cristiano las profesiones, las instituciones y las estructuras humanas.

Obispo Demetrio Fernández

“¡Viva Cristo Rey!” ha sido el grito con el que miles y miles de mártires han proclamado su amor a Cristo en el momento supremo del martirio en tantos lugares de la tierra. Es un grito de confesión de fe, es un grito de perdón a los verdugos, es una plegaria desgarradora para que venga a nosotros su Reino, el “Reino de la verdad y de la vida, el Reino de la santidad y la gracia, el Reino de la justicia, el amor y la paz” (prefacio de la fiesta de Cristo Rey). Los que militamos bajo la bandera del Rey eternal queremos que esta fiesta sea una ocasión propicia para llevar a todos los hombres el dulce mensaje de la misericordia, sin la cual es imposible que el mundo sobreviva.