padre canoPadre Martínez Cano, m.C.R.

Me lo contó un matrimonio muy emocionado. El marido oyó gritos, risas, carcajadas. Salió a la calle y vio a una joven totalmente desorientada. Parecía drogada o borracha. Como era muy tarde, despertó a su esposa y juntos entraron a la chica a su casa. No sabía explicarse. Encontraron en su bolso el teléfono de su hermano. Le llamaron y vino a buscarla.

Pasaron unos días y la chica se presentó ante el matrimonio que tanto le ayudaron. Les entregó una imagen, de veinte centímetros de Cristo Rey en su trono. La joven dijo a la esposa: Tome usted. Ustedes merecen tenerlo en casa más que yo. Lo traje de mi patria y quiero que ustedes lo tengan en su casa. Vuelvo a mi país.

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Ha muerto una carmelita. Entregó su vida a Dios a los 21 años en su palomarcico. Le faltaban sólo unos días para cumplir noventa años. Un angelito de Dios. ¡Cuántas oraciones! ¡Cuántos sacrificios! ¡Cuántos méritos conseguidos para la Iglesia y los pecadores! ¡Cuánta alegría y cuánto gozo en su Carmelo! ¡Y ahora en el Cielo!

Santa Isabel de la Trinidad carmelita que murió a los 26 años, dijo: “A la luz de la eternidad, el alma ve las cosas en su verdadero lugar; ¡oh! ¡Qué vacío está todo aquello que no ha sido hecho por Dios y con Dios. Os lo ruego, marcarlo todo con el sello del amor! Sólo este perdura”.

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San Quodvultus, comentando la muerte de los Santos Inocentes, dice: “Los niños sin saberlo, mueren por Cristo; los padres hacen duelo por los mártires que mueren”.

La Iglesia siempre ha reconocido a los niños que mandó matar Herodes como mártires.

Yo he pensado muchas veces que los inocentes niños, asesinado en las entrañas de sus propias madres, con la ley democrática del aborto en la mano, son mártires, santicos que están en el Cielo.