padre canoPadre Martínez Cano, m.C.R.

Vamos al Santuario de la “Bien Aparecida Reina y Madre de la Montaña” en Cantabria. Una niña de once años toca un ancla de unos mil kilos que hay en la fachada. Grito: ¡No me robes el ancla que es mía!

La niña y su madre, ríen a gusto. Aparecen siete niños más. Total once personas. Les regalo medallas de la Milagrosa y estampas de Fátima. Una señora me dice: deme para mi marido que no ha podido venir.

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Oigan ustedes, señores democratistas ¿cuando dicen pueblo, qué dicen? – ¡conjunto de votos!

– Los votos son papeles. Cómo las constituciones. El pueblo es vida, conjunto de personas de carne y espíritu, de cuerpo y alma; cuya cédula fundamental es la familia. En el pueblo viven padres, hijos, hermanos, cónyuges, ancianos, enfermos, sanos… Trabajen por el bien común del pueblo. Sean buenos políticos. Que darán cuenta a Dios de todo.

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Estoy hablando con dos jóvenes padres de familia. Se acercan los hijos. Digo: no hay nada más grande que los niños. Respuesta de un padre: sin ellos no habría aliciente en la vida. Y una madre: los hijos son la alegría de la casa. Yo no me imagino una casa sin hijos. Será muy triste.