Isabel

La mujer

Edith Stein

De este modo el seguimiento de Cristo conlleva el desarrollo en plenitud de la vocación originaria del hombre: ser auténtica imagen de Dios; imagen del Señor de lo creado, conservando, protegiendo y haciendo crecer a toda criatura que se encuentre en su ambiente; imagen del Padre, generando y educando -por paternidad y maternidad espiritual- hijos para el reino de Dios. La elevación por encima de los límites de la naturaleza, la obra más excelsa de la gracia, no se alcanza solamente con una lucha individual contra la naturaleza o con la negación de sus límites. Se alcanza sólo por medio de la humilde obediencia al nuevo orden dado por Dios.

Nuestra época

Toda la dramaticidad y belleza de nuestro tiempo tienen que ver con esta búsqueda. Con palabras que recuerdan a las de Steiner, escribía Capograssi a mediados del siglo pasado: “Nuestra época… se encuentra… en la encrucijada entre la violencia y la paciencia… Nuestra época somos nosotros. La incertidumbre está en nosotros. Y en sustancia no es otra cosa que cansancio… Es toda la fatiga que cuesta al individuo el mantenerse fiel a su humanidad… Ahora bien, el individuo, este individuo hic et nunc, el individuo que somos cada uno de nosotros ¿tiene la voluntad, el ánimo y la fuerza adecuada para ponerse manos a la obra y aceptar esta fatiga?”. (Ana Llano Torres – RAZÓN ESPAÑOLA)

Principios y Criterios Sacerdotales

Junto al sepulcro del gran arzobispo y misionero popular, San Antonio María Claret, que recristianizó Cataluña, Canarias, Cuba y España entera: en este día del Beato Juan de Ávila, patrono del clero secular español, y en su año centenario: en esta ciudad de Vich cuna de santos, de mártires, de fundadores de congregaciones religiosas de hombres y mujeres, y sede de sabios y virtuosos prelados, nos hallamos reunidos sacerdotes y religiosos que, sin dramatismos impropios de la serenidad sacerdotal, pero con humilde sentido de nuestras responsabilidades queremos reafirmar los grandes ideales y deberes, principios y criterios de nuestro sacerdocio. (ASOCIACIÓN DE SACERDOTES Y RELIGIOSOS DE SAN ANTONIO Mª CLARET)

Todo para Dios

Pero en la realidad diaria vemos que el hombre actúa al margen de Dios, como si Dios hubiera renunciado a su potestad… Esto es el pecado. Rebelarse contra nuestra principal y natural obligación.

El sacrificio que Dios quiere del hombre, su criatura, es que reconozca y actúe conforme a esta dependencia. Cuando el hombre lo hace, su vida tiene un sentido sacrificial. “Señor, a Ti pertenezco, con todo lo que soy. Acepta mi ser, como una oblación”. Escribía José Toniolo, gran sociólogo italiano: “Yo confieso creer firmemente que vengo de Dios. Por consiguiente, todo lo que hay en mí es un don de Él. Esto proclama mi sublime dignidad y al mismo tiempo mi completa dependencia del Creador. Por deber, pues, de justicia, debo ser todo para Dios”. (Jaime Solá Grané – CASTIGOS DE DIOS)

El poder del monarca

Lo que Bonald combatía era el individualismo, es decir la autonomía total del hombre, dueño de su destino no sólo en cuanto a los medios sino también en cuanto a los fines. Y en relación a la antigua monarquía, elogiaba que “el individuo estaba defendido por las leyes civiles contra el empleo excesivo de su cuerpo o de sus bienes, (leyes) que protegían sus bienes y su persona, al regular la disponibilidad que legítimamente se podía hacer de ellos”. El poder del monarca estaba limitado por los parlamentos, los estados generales, el oficio de la magistratura, de una magistratura independiente y por los cuerpos, profesiones, provincias y pueblos. (Estanislao Cantero – VERBO)

Los partidos continentales

Los partidos continentales -y en general los existentes en otras parles- proceden directamente de la Revolución francesa, al dividirse los revolucionarios en moderados o “conservadores»”, la “derecha”, mezclando ideas e intereses, y radicales jacobinos o “liberales”, la “izquierda”. Los primeros son más políticos, los segundos más moralistas. Si no se pierde de vista que, en la historia el origen está siempre presente, tanto la derecha como la izquierda, representantes de la soberanía del pueblo o de la Nación, eran, siguieron y siguen siendo revolucionarias. Lo percibió muy bien Donoso Cortés. Prescindiendo de casos concretos y generalizando, la mayor diferencia consistía en que los moderados, la derecha, querían hacer compatible la soberanía del pueblo o de la Nación, con la de la monarquía (Monarquía constitucional, Monarquía parlamentaria), mientras la izquierda era o tendía a ser, republicana. (Dalmacio Negro – VERBO)

La autoridad viene de Dios

Son proposiciones condenadas por la Iglesia las siguientes: “La razón humana es el único juez de lo verdadero y de lo falso, del bien y del mal, con absoluta independencia de parte de Dios: es ley de sí misma y le bastan sus solas fuerzas naturales para procurar el bien de los hombres y de los pueblos” (Prop. III). Expresamente está condenada esta proposición: “No siendo la autoridad otra cosa que la suma del número y de las fuerzas materiales” (LX del Syllabus), o sea, que la verdad es todo lo contrario. León XIII, en la “Inmortale Dei”, nos dice: “Es necesaria en toda sociedad humana una autoridad que la dirija. Autoridad que, como la misma sociedad, surge y deriva de la naturaleza y, por tanto, del mismo Dios que es su autor. De donde se sigue que el poder público, en sí mismo considerado, no proviene sino de Dios, que es su Autor. Sólo Dios es el verdadero y supremo Señor de todas las cosas. Todo lo existente ha de someterse y obedecer necesariamente a Dios. Hasta tal punto, que todos los que tienen el derecho de mandar, de ningún otro reciben este derecho si no es de Dios Príncipe supremo de todos. (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)