Don Manuel

San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, ruega por nosotros.

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El Cielo es un éxtasis de amor eterno.

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Dos y dos son cuatro. Con intransigencia y sin intransigencia.

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Madres y padres son, para los hijos, el amor de Dios en la tierra.

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Si pasas delante de una Iglesia, saluda al señor, con la señal de la cruz.

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Dios es nuestro Padre, todo es nuestro. Todo lo ha creado Dios para nosotros.

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Por mucho que amemos, siempre quedaremos cortos. Amemos a Dios de todo corazón.

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Si no aspiramos a lo más perfecto, acabaremos arrastrados por las pasiones desordenadas.

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En la comunión, Jesús en persona, viene a nuestras almas “el que me come vivirá por mí” (San Juan 6, 57).