Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

V La acción pastoral y apostólica de la Iglesia

Mayo 1944 Franco con el nuncio Cicognani y el obispo de Madrid-Alcala, Eijo Garay en consagración monumento Sagrado CorazónEn los años que siguen a la guerra el Clero acometió la tarea pastoral con ánimo de suplir deficiencias y de mejorar, muy convencido de la necesidad de evangelización y formación del pueblo (1). Lo hizo en situación de insuficiencia numérica y de estrechez económica, sobrecargado de labores. Para muchos el trabajo era ilimitado, agobiante, si bien llevado con alegría. Serán precisamente los más entregados los que, años después, se mostrarán impacientes ante el peligro de no aprovechar al máximo las inmensas posibilidades adormeciéndose en la misma protección legal que las proporcionaba. Pero esta autocrítica no puede velar el hecho del dinamismo subyacente (2).

La resaca de la guerra puso ante la acción pastoral los problemas de la reconciliación. Ahora se silencia demasiado esta verdad: los sacerdotes, en general, quisieron ser ministros de reconciliación; son innumerables los que ayudaron, en cuanto les fue posible, a los autores de daños (eran célebres los certificados de buena conducta generosamente inexactos); muchas familias, golpeadas por asesinatos, practicaron el perdón. Los Obispos, ya en 1937, habían invocado en favor de los verdugos los méritos de los mártires, que morían perdonándoles. Y para la Iglesia fue un consuelo el que, mediante ella, la mayoría de los que murieron por acción penal se reconciliaran con Dios (3).

Para atender a las exigencias de la evangelización y la formación, fue preocupación dominante de los Obispos el aumento y la preparación de los sacerdotes y personas consagradas, y la participación apostólica de los seglares en la Acción Católica y otros movimientos. Muestra de la fecundidad de los esfuerzos de apostolado juvenil, y prueba inequívoca de la calidad espiritual renovada en la comunidad católica fue la multiplicación de vocaciones a la vida consagrada entre los años 1940 y 1964. Algunas cifras se imponen. El número de seminaristas mayores —candidatos al sacerdocio en el Clero diocesano— pasó de unos dos mil a ocho mil, cifra alcanzada ya en 1952 y mantenida con aumentos hasta 1964. Muy superior a la media de Europa y del mundo. En proporción al incremento de habitantes, esos ocho mil equivaldrían ahora a unos doce mil (y hay menos de dos mil). Los seminaristas menores pasaron de menos de cinco mil a unos catorce mil. El número total de seminaristas, en 1964, había crecido respecto a 1934 un 300 por 100 (4).

Notas:

  1. La Conferencia de Metropolitanos, reunida en Toledo los días 25 de mayo de 1939, señaló la necesidad de promover la restauración de la vida cristiana, aprovechando la «buena disposición en que ahora están las autoridades y los pueblos en general»: impulsando la instrucción, las misiones populares y los ejercicios espirituales y, sobre todo, mediante una predicación verdaderamente apostólica, catequística, homilética (cf. Actas, tomadas del Archivo del Cardenal Gomá y reseñadas en Hispania Sacra, 34, y en R. Aisa-Gomá.)
  2. El autor es testigo. Se agradecía el marco institucional favorable, luego sancionado en el Concordato. Pero contra el tópico injurioso de que los católicos se contentaban con eso, es justo recordar que se sentía generalmente la necesidad de trabajar a fondo y de modo evangélico en ese marco, y algunos advirtieron que las ventajas de éste, sin aquel trabajo, podrían ser contraproducentes.
  3. Carta colectiva, de 1937. «Dios sabe que amamos en las entrañas de Cristo y perdonamos de todo corazón a cuantos, sin saber lo que hacían, han inferido daño gravísimo a la Iglesia y a la patria. Son hijos nuestros. Invocamos ante Dios y en favor de ellos los méritos de nuestros mártires…, que murieron perdonándoles.» Y refiriéndose a los autores de la «bárbara destrucción», los Obispos españoles notifican a los de todo el mundo: «Al morir, sancionados por la ley, nuestros comunistas se han reconciliado en su inmensa mayoría con el Dios de sus padres».
  4. Datos estadísticos sobre vocaciones: en Guía 1954 (y años siguientes); Exposición, Roma. Ya en 1948, el sociólogo Severino Aznar publicó el estudio La Revolución española y las vocaciones eclesiásticas, en «Revista Internacional de Sociología», núm. 21, enero-marzo 1948. Respecto al año 1934, el número de seminaristas había crecido según un promedio de 220 por 100, superado en 35 diócesis. Los alumnos de Seminario Mayor, comparando los años 1934 y 1947, crecieron en algunas Diócesis entre el 300 y el 440 por 100.

En el año 1952 el número de seminaristas en España de cada 10.000 católicos era de 2,9. La media de Europa, 1,9. La media del mundo, 1,5.

Entre las vocaciones, algunos centenares eran de jóvenes adultos («vocaciones tardías»).