Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 266, noviembre de 2001

Mes de las almas del Purgatorio

Virgen del Carmen.jpgEl culto hacia nuestros muertos, lejos de ser una superstición, es un deber para toda alma cristiana. Es un acto purísimo de caridad. Eso nos enseña la santa Iglesia, piadosa Madre, al exhortarnos a incrementar los sufragios por los fieles difuntos durante todo este mes, corno si se tratara de una continuación del día de los difuntos en el que permite a todos los sacerdotes celebrar tres misas a favor de las almas del Purgatorio.

Un gran afecto nos ha de unir a todos los que formarnos la Iglesia, actualmente integrada por las tres partes: la Iglesia militante para los que aún peregrinamos en la tierra; la iglesia purgante para los que en el purgatorio están purificándose de la escoria que queda del desorden de los pecados ya perdonados, y de la que no se han desprendido del todo en la vida terrena, y finalmente la iglesia triunfante del cielo, de las almas que han llegado a la posesión incalculablemente feliz de la majestad de Dios.

Esta Inmensa familia de la Iglesia anhela unirse definitivamente en el afecto y en la comunicación de todos los bienes espirituales, cuya grandeza inabarcable sólo Dios conoce. Esta unión y comunicación de bienes entre todos los miembros de la Iglesia es el dogma consolador de la comunión de los santos. Afirmamos nuestra fe en ese dogma cuando recitamos el Credo: Creo en la comunión de los santos”.

De ahí ros sufragios que debemos ofrecer los vivas por los fieles difuntos, para apresurarles el día dichoso de su entrada en la gloria del cielo. Las oraciones, los ayunos, el rosario y, sobre todo, la santa Misa, son las ofrendas que sirven para la liberación de las almas del purgatorio.

Hay una situación especial en nuestro tiempo que nos obliga a tener más presentes en nuestras oraciones a las almas del purgatorio. El hecho de la general increencia, indiferencia religiosa, y la pérdida de la conciencia de pecado y de la vida de oración. Aplastados nuestros contemporáneos por la vorágine de las cosas, la solicitud de lo material, el olvido do Dios, son bien pocos los que se acuerdan de rezar por sus difuntos o por las almas de los fieles difuntos en general. ¿Dónde se ofrecen sufragios por las víctimas de los crímenes espantosos de la Eta, por los muertos de toda clase de terrorismo, de los incontables accidentes de tráfico y de trabajo que ocasionan una sangría humana impresionante?

Roguemos a diario por nuestros difuntos y en especial por las almas del purgatorio más abandonadas. En la letanía lauretana se ha introducido modernamente la preciosa invocación de Reina de las almas del purgatorio. Invoquemos a la Virgen Santísima para que las almas de nuestros familiares, protectores, amigos y aquellas por las que nadie reza, alcancen pronto el lugar de la paz en el cielo. ¡Oh María, dirige nuestros sufragios a favor de las almas del purgatorio según tu amor de Madre y Reina de las almas que sufren en el purgatorio!