Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas del descubrimiento (1492-1525)

Adriano VI

Papa Adriano VISiguen las nuevas concesiones y privilegios pontificios a los reyes misioneros. Adriano VI, a los pocos días de conocer su elección para la Suprema Silla Romana extiende en Zaragoza la Bula llamada Omnímoda, dirigida a Carlos V. El Papa, en este documento, da licencia general a todos los frailes mendicantes -aprobados como capaces por el rey y por el Consejo de Indias, en su vida y doctrina- para que puedan dirigirse a evangelizar el Nuevo Mundo; accediendo así a los vivos deseos del Rey Católico, que deseaba activar la conversión de los numerosísimos indios que cada día pasaban a los dominios de España. En virtud de esta amplia y desacostumbrada concesión, los religiosos que deseaban ser misioneros, aparte del permiso real, no necesitaban ninguna licencia de sus superiores inmediatos, los cuales no podían hacer valer, para retenerlos en la península, las necesidades de sus iglesias o cátedras.

A nuestro querido hijo Carlos, Rey de romanos y Rey Católico de las Españas, elegido Emperador. -Adriano Papa VI.

Carísimo hijo en Cristo, salud y bendición apostólica.

Nos has hecho exponer tu ardiente deseo de la propagación de la religión cristiana y de la conversión de los infieles, especialmente de aquellos que, en las regiones de Indias, están sujetos a tu jurisdicción, según los planes de la Providencia. Y nos has pedido con insistencia que hagamos lo que esté de nuestra parte para llevar a efecto el dicho aumento y conversión, y conveniente gobierno de tales almas, redimidas con el precio de la preciosísima sangre de Nuestro Redentor. Y que para ello sean enviados con nuestra autoridad algunos frailes de las órdenes mendicantes, y en particular de los Menores de regular observancia. Y que se provean otras cosas en tal asunto, según contiene más explícitamente la súplica que además nos ha sido presentada. Nos, pues, que por el cuidado pastoral que nos ha sido impuesto venimos obligados a procurar, por encima de todo, cuanto toca a la salvación de las almas; Nos, que tenemos conocido, desde vuestra más tierna edad, el ferventísimo celo de vuestra Cesárea Majestad para incrementar la Religión cristiana, por el tenor de las presentes queremos… (137).

(137) El Papa Adriano VI, nacido en Flandes, antes de su elección al Solio Pontificio, había sido largos años preceptor del nieto de los Reyes Católico.

Y como hemos sabido que los Romanos Pontífices, nuestros predecesores, concedieron algunos indultos a los frailes que moran en las Indias -o a los que se dirigen a ellas, o se proponen dirigirse-, Nos los confirmamos todos, y, en cuanto sea necesario, de nuevo los concedemos.

Dado en Zaragoza, bajo el anillo del Pescador, el día 9 de mayo de 1522, de nuestro Pontificado el primero”.

El mismo Adriano VI, en otra Bula de 4 de mayo de 1523, que principia con las palabras “Dum intra”, evoca así la obra apostólica realizada a impulso de los primeros Reyes Católicos, Fernando e Isabel:

“A la verdad, los dichos Reyes Femando e Isabel, mientras vivieron en este mundo, siguiendo las huellas de sus antepasados, realizaron innumerables hazañas y hechos gloriosos. De tal manera, que no sólo libraron a España de los sarracenos y moros, que tenían ocupado el reino de Granada y otros muchos dominios, a costa de no pocos trabajos y gastos, con gran derramamiento de sangre cristiana; y atrajeron a gran número de infieles, de las falaces tinieblas de los ídolos a la verdadera luz de la fe ortodoxa; sino, además, con no pocos percances penetraron el Océano, y llevaron el estandarte de la Cruz saludable a diversas e innumerables islas, hasta entonces desconocidas, y en ellas erigieron muchas iglesias metropolitanas catedralicias y otras, para gloria del nombre de Jesucristo. Por tales méritos, estos reyes obtuvieron de la Santa Sede el nombre de Católicos”.

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Y con Adriano VI acaba el primer período de la conquista de América, y también de las grandes concesiones y privilegios otorgados por Roma a la monarquía española, con miras a la más rápida y profunda conversión de los indígenas a la verdad evangélica.

En general, como hemos podido constatar, en esta primera etapa los Soberanos Pontífices se han limitado a alabar los deseos apostólicos de España católica. En cuanto a resultados positivos, los Papas apenas si los mencionan: la gran epopeya acaba de empezar y los frutos no están aún maduros. Sin embargo, las primicias son alentadoras, y las doradas mieses auguran abundante cosecha. Los Papas también lo han reconocido, como acabamos de ver.