Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas de la colonización (1525 – 1825) (2)

Papa Clemente VIIILa causa de esta temporal carencia de brillo externo nos la explica precisamente Clemente VIII, contemporáneo de la conversión de América, pero ya posterior a algunas de sus etapas, y capaz, por tanto, de enjuiciar los resultados parciales.

“Las excelsas obras del divino poder que se realizan en los seres corpóreos por virtud no humana, sino celestial, suelen manifestarse las más de las veces mientras son producidas. Las que, por el contrario -bajo la dirección y tutela de la divina sabiduría- tienden a un fin espiritual, a saber: la salvación de las almas, permanecen a menudo tan ocultas, o, si se muestran en algo, es esto tan poco en sus comienzos, que ni siquiera las personas más perspicaces las pueden percibir con suficiente claridad, hasta que son impelidas a ello por los clarísimos efectos de aquéllas. Esta verdad, comprobada ya otras muchas veces, se echa de ver en estos tiempos en la conversión a la verdad evangélica del Nuevo Mundo y de las Indias e islas…”.

Lo que Clemente VIII afirma del primer siglo de la evangelización, se aplica con igual verdad al conjunto de toda la obra americana: su magnitud y excelencia no podían ser abarcadas con suficiente claridad durante el dilatado período de su gestación. Pero, una vez concluido este proceso inicial, los frutos de aquel parto proclamarán ante la faz del mundo la sublime fecundidad de las dos madres que los engendraron: la Iglesia Católica y España, informada por el cristianismo.

Tengamos muy en cuenta esta observación, que nos ayudará a comprender el aumento progresivo de los textos pontificios laudatorios de la colonización española. La doctrina romana sobre América culminará en el Pontificado de Pío XII, en cuyo arsenal encontraremos, proclamado con claridad, un juicio completo y definitivo sobre la totalidad de esta gigante epopeya.

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Pero el inmenso Bulario Pontificio de los siglos XVI, XVII y XVIII está sembrado, en realidad, de Letras Apostólicas que dicen relación con América. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que es el tema sobre que versan mayor número de documentos papales. Las múltiples y florecientes iglesias qué se iban estableciendo allende los mares -con los nuevos problemas y necesidades espirituales que planteaban- acaparaban gran parte de la solícita atención del Supremo Pastor y Jerarca de la Iglesia.

Se comprende que la inmensa mayoría de estos documentos estén dedicados a despachar asuntos de administración eclesiástica: erección de diócesis, establecimiento de Universidades, concesión de privilegios o dispensas, etc.

Pero a través de ese inmenso cúmulo de ordenaciones de tipo jurídico se puede comprobar, no obstante, la vitalidad de la Iglesia en los vastos parajes transoceánicos. En efecto, si se edifican, por ejemplo, más y más monasterios, es señal evidente de que abundantes misioneros se establecen en el Nuevo Mundo. Si se crean nuevas y nuevas diócesis, el avance de la Fe y de la Iglesia aparece manifiesto. Si se erigen universidades y centros de estudios por doquier, es prueba de que la cultura penetra pujante en aquellos rudos territorios. Todo lo cual deja ya entrever la grandeza de aquella imponente obra misionera y civilizadora.

Pero eso no es todo. En el Bulario Pontificio son numerosas las frases elogiosas de la obra misional que se está realizando. Estos juicios -emitidos por los soberanos Pontífices, con ocasión de los numerosos documentos curiales sobre América- aparecen esparcidos en el Bulario aquí y allá. Bastará, para nuestro intento, aducir algunas piezas de este, período.