P. ArnaizNació en Valladolid el 11 de agosto de 1865. Hijo de Ezequiel y Romualda. A la edad de cinco años perdió a su padre e ingresó en el Seminario de su ciudad natal a los trece. Cursó sus estudios a la vez que prestaba servicios al Capellán del Monasterio de Madres Dominicas de Valladolid, en el que era sacristán.

En 1890, a los veinticinco años, recién ordenado sacerdote, tomó posesión de la Parroquia de Villanueva de Duero. Lo acompañaron su madre y su hermana. Después de tres años fue nombrado párroco de Poyales del Hoyo, obteniendo en Toledo, durante este tiempo, el Doctorado en Teología.

Al fallecer su madre, brotó en el alma de D. Tiburcio la llamada a una entrega más radical al Señor, su hermana Gregaria le manifestó una noche los mismos deseos. Gregaria ingresó en el Monasterio de M.M. Dominicas de San Felipe y Tiburcio en la Compañía de Jesús. Se despidieron “hasta el Cielo”.

El 30 de marzo de 1902, comenzó su noviciado con los Jesuitas en Granada. Hizo sus primeros votos el 3 de abril, Domingo de Pascua de 1904. Y continuó sus estudios intercalando algunos ministerios como la dirección de tandas de Ejercicios Espirituales y la predicación de misiones populares.

En 1909, a sus cuarenta y cuatro años, fue destinado a la Residencia de Murcia, donde llamó la atención por su entrega plena al Señor, en la predicación, el confesionario, la asistencia a los enfermos y en las obras de caridad. Se manifiesta con la madurez de un gran Apóstol y Misionero.

En Loyola culminó su formación jesuita con el periodo denominado “Tercera Probación”.

Los últimos votos los hizo en Málaga en la Solemnidad de la Asunción de 1912. Por este tiempo hizo un pacto con el Corazón de Jesús: si le concedía diez años de vida los emplearía en “matarse” por su gloria, sin descanso.

Málaga será su residencia desde entonces hasta el final de su vida, con un pequeño paréntesis en 1916-1917, fue trasladado a Cádiz.

El P. Arnaiz, al comprobar el abandono e ignorancia en las barriadas populosas de Málaga, ideó poner una especie de escuelas, donde algunas dirigidas suyas enseñaban, con el más absoluto desinterés, las verdades fundamentales de nuestra fe y cultura general. En pocos meses, el conocimiento de Dios llevaba a aquellas gentes sencillas a corresponder a su amor y, cuando él acudía, se acercaban, con verdadero deseo, a recibir los Sacramentos.

Su corazón misionero deseaba que este apostolado se llevase a cabo también en los pueblos más abandonados humana y religiosamente. Empresa entonces descabellada, pero él, lleno de confianza, decía: “cuando Dios quiere una cosa, manda las personas y los medios.”

Quiso Dios que en el año 1921 se encontrase, en Málaga, con María Isabel González del Valle Sarandeses que, a sus 30 años, experimentó una conversión. Decía que se había “enamorado del Señor”, y quería ir “con su casina a cuestas dando a conocer a todos el Padre que tenemos”. Confió al P. Arnaiz sus inquietudes misioneras y se entregó, con todo cuanto era y tenía, a aquella vida, a aquel gastarse toda y del todo por Cristo en los prójimos más pobres y abandonados. Así dio comienzo la, formada por seglares con plena consagración evangélica.

La salud del Padre comenzaba a flaquear, por lo que su Superior le impuso algún descanso. Con todo perseveró en su entrega a Cristo y a las almas hasta el agotamiento.

Falleció el 18 de julio de 1926 en olor de santidad. Sus restos descansan en la Iglesia de Sagrado Corazón de Málaga.

El 18 de diciembre de 2017 el Papa Francisco aprobó la publicación del decreto de validez del milagro para la beatificación. La ceremonia tendrá lugar D. M. en otoño de 2018 en Málaga.

ENSEÑANZAS DEL P. ARNAIZ, S.I.

“Mucha unión con Dios, mucha confianza en Él y temor de nosotros mismos y es lo que nos sostendrá en los buenos propósitos”.

“Un espíritu lleno de Dios y enamorado del bien de las almas cuanto más trabaja, más ama, y es el trabajo como la leña que ceba el fuego del divino amor”.

“El Señor de todo pretende que saquemos bien; en nosotros está aprovechar el filón”.

“Cuando se trata de hacerse santo, importa mucho no perder tiempo; y grande lástima es que, quedándonos una eternidad para descansar, queramos aquí descanso”.

“La virtud no se muestra en los ejercicios de piedad, sino en la vida práctica y ocupaciones ordinarias”.

“Si sigues a Cristo no debes ponerle condiciones”.

“Cuanto más se ama Cristo, más existe el convencimiento de que Él nos ama”.

“La vida no es más que el momento presente; nuestro cuidado ha de ser emplear bien. El pasado y el porvenir no nos pertenece”.

“Nuestra piedad debe ser no solamente sólida, esto es, fundada en humildad y mortificación, sino también ilustrada y conveniente, a la que el demonio con dificultad destruye”.

“La vida mixta supone almas muy llena de Dios, que, en el tiempo que tienen para tratar con Él, se reponen y cobran bríos para sí y para los demás”.

“El padecer es la salsa que hace gustosa la vida apostólica”.

“La vida es corta y el camino de la santidad es muy largo; para recorrerlo hay que no hacer paradas e ir deprisa”.

ORACIÓN

Corazón Santísimo de Jesús, Vos que con tan ardiente celo procurasteis siempre la gloria de vuestro Eterno Padre y la salvación de las almas en cuya empresa tuvisteis tan infatigable apóstol en este vuestro siervo padre Tiburcio Arnaiz, pues buscó vuestra gloria, su propia abnegación y el bien de las almas, hacer que la Iglesia nuestra Santa Madre, decrete pronto su culto, y le contemos en el número de los santos; y concédenos, por su intercesión, el favor que ahora te pedimos, Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.   Amén.