Pedro González Bueno

General Francisco Franco - besando el CrucifijoCon la declaración, o supuesta declaración, de independencia de Cataluña, gran parte de los españoles, y su gobierno en pleno, finalmente se han dado por enterados de la gravedad que supone la posibilidad de la rotura de la unidad de España. El pueblo español en general y el catalán en especial conocían, y muchos de estos últimos incluso sufrían, el llamado “proces”, que a lo largo de 40 años había ido creando las condiciones para llegar a semejante situación. Ante los hechos, la tímida reacción del gobierno contrastó con la del pueblo español, el que al gesto de S.M. el Rey se alzó unánimemente manifestándose en toda España, especialmente en Cataluña, y engalanó la nación con la bandera nacional, que seguimos disfrutando en ventanas y balcones como muestra de que permanece alerta. Sorprende, dicho sea de paso, que esa patriótica reacción del pueblo no haya sido, como parecería lógico y natural, recogida, apoyada e incluso aprovechada por el que se supone es el gobierno de España.

Pero ¿cómo se ha podido producir un cambio tan drástico en el sentir y actuar de una gran parte de los catalanes respecto a España, cuando cuatro décadas antes se manifestaban patrióticamente vitoreando fervorosamente al Jefe del Estado y no manifestaban la más mínima animadversión hacia su propia patria?

La izquierda desde hace un siglo practica una técnica subversiva, sovietizante, que tiene su origen en el nacimiento del comunismo y a ella me voy a referir para responder la cuestión que antecede.

Federico Jiménez Losantos en Memoria del comunismo da las bases en las que se originó y se fundamenta el comunismo, por las que “sigue viviendo pasado y presente”, que de forma resumida son: crear una mentira, un enemigo contra el que desahogar y canalizar, en común y sin cuartel, la energía de la subversión e insistir incansablemente en que la mentira creada es verdad y que la verdad no es real.

El Gobierno de Cataluña, tras cuatro décadas de intensa labor separatista, logra el que España sea el enemigo a destruir (¡España nos roba!) y a su vez, creada la gran mentira de una República idílica insistentemente defendida con una falsa argumentación (la Rep. Catalana ingresará inmediatamente en la UE, las empresas lloverán en la nueva República, etc.), se sintió en condiciones de declarar la independencia.

Dicho lo que antecede, resulta indiscutible que el “proces” ha seguido fielmente la hoja de ruta manejada por las izquierdas para la subversión y que ésta era conocida desde hace tiempo por autoridades y civiles.

Pero, nos preguntamos ¿no está también en marcha un “proceso español”? ¿Existe una hoja de ruta para destruir la identidad de España, sus valores, su Fe, sus costumbres y tradiciones, su Historia…? La realidad es que, lo mismo que en el caso catalán, se dan todos los factores para contestar afirmativamente. Se ha creado el enemigo a destruir. Se ha conseguido hace de Francisco Franco a lo largo de 40 años la persona más aborrecida en España. Al General liberador del comunismo, creador de la clase media, de la seguridad social, de los pantanos, de la industrialización, de hacer propietarios de sus viviendas a la clase trabajadora…, al artífice “del milagro español”, al que despidieron los españoles a su muerte con inmensa tristeza en largas colas en una fría noche de Noviembre de 1975, hoy, milagrosamente, se le califica de nefasto y asesino dictador y es vilipendiado impunemente con la indiferencia, cuando no satisfacción, por una mayoría de españoles.

Y, ¿cuál es la gran mentira? La gran mentira es el juicio sobre Franco, pero más que a él, a lo que representa; lo que fue España bajo su mandato, la España defensora de la familia, con principios religiosos, con sentir patriótico, con conciencia de nación soberana, con exaltación de la dignidad del hombre, del trabajo, del esfuerzo, de la defensa sin demagogia de lo social, del orgullo de ser españoles, de su Historia, fieros de la honradez y del honor… de la España Eterna.

Es un hecho que desde la Transición está en marcha un “proceso nacional” que ha ido alcanzando paulatinamente objetivos impensables años atrás (desprestigio de las instituciones, de la familia, ataques a la Iglesia, quema de banderas, aceptación de partidos antisistema, etc.).

¿Son los españoles conscientes de la subversión sovietizante a que están sometidos y que lo que está en juego es la identidad de España? ¿Lo es el Gobierno de la Nación? y si lo es ¿le preocupa?

Termino nuevamente con palabras de Federico Jiménez Losantos:

Lo que une a todos los países caídos bajo el yugo comunista es que estaban seguros de que allí no podía pasar. En la Rusia de 1917 cabía la sorpresa, pero lo mismo se decía en China, en Cuba, en Nicaragua o en Venezuela: “eso aquí nunca pasará”.

Y como no se hizo nada para evitarlo, pasó.

(AFÁN)