Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (15)

Espíritu misionero de los descubridores y conquistadores

Alonso de OjedaDos años antes, dirigiéndose también a Colombia, había loado el Papa en general la memoria de todos aquellos fundadores de naciones, llamándoles “pléyade de valientes y cristianos descubridores”, y declarando sin ambages que el fin que les impulsaba a sus expediciones de conquista era llevar a las tribus salvajes los dos tesoros más preciosos con que podían enriquecerlos: la fe en el verdadero Dios, y la cultura y civilización de la España cristiana.

“El cambio de jefe de misión en la Embajada de Colombia ante Nos no significa mutación alguna en las recíprocas y amistosas relaciones que, por dichosa tradición, unen a esta Sede Apostólica con su hermoso país, como corresponde a una nación cuya historia está entrelazada con la de la Iglesia misma en Hispanoamérica, desde los días en que Alonso de Ojeda, en las postrimerías del siglo XV, avistó por primera vez vuestras costas (188).

(188) Alonso de Ojeda (1466-1515), al mando de cuatro naves descubrió y exploró las costas del Norte de Sudamérica (Colombia, Venezuela y Guayana) (1499). En su expedición viajaba el célebre Américo Vespucio, que después escribió la crónica de los descubrimientos de Ojeda.

Más tarde, desde que una pléyade de valientes y cristianos descubridores españolesJuan de la Cosa, Vasco Núñez de Balboa, Belalcázar y, sobre todo, Gonzalo Jiménez de Quesadapenetraron en lo más recóndito de sus selvas vírgenes, para llevarles a un tiempo la civilización y la verdadera fe” (189).

(189) Mientras Sebastián de Belalcázar, al mando de 300 valientes, se internaba partiendo desde el Sur en las espesuras de Colombia, en el Norte, junto a la desembocadura del Magdalena, preparaba una nutrida expedición de 850 infantes y 85 jinetes el célebre capitán Gonzalo Jiménez de Quesada. Ambos contingentes se encontraron en la ciudad de Santafé de Bogotá, que acababa de fundar Quesada después de innumerables luchas y sufrimientos (1538).

(Discurso a D. Luis Ignacio Andrade, nuevo embajador plenipotenciario de Colombia ante la Santa Sede, 14-XI-1950.)

En otra ocasión Pío XII, en una de aquellas sus frases enérgicas y llenas de sublime lirismo, compara la robustez de la fe en aquellos titanes a la fortaleza de sus brazos incansables y de sus acerados pechos.

“Vuecencia, señor embajador, viene a Nos como representante e intérprete de un país de tan rancio abolengo católico, que precisamente en su territorio surgió la primera diócesis de toda la América del Sur; de un pueblo cuya historia forjaron con épicos arranques aquellos titanes de fe tan robusta como sus brazos incansables en la pelea, o como sus pechos forrados de acero…”

(Discurso a D. Felipe Portocarrero, nuevo embajador del Perú, 17-VIII-1949).

¡Qué noble nos aparece y qué grandiosa a la luz de la palabra expresiva del gran Pontífice la figura de aquellos conquistadores, valientes fundadores de pueblos, pero sobre todo hombres de recia fe que al mismo tiempo que ganaban para su rey infinitas tierras, atraían al servicio de su Dios infinitas almas!