Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (16)

Los colonos venidos de la Península echan los cimientos del cristianismo en el Nuevo Mundo

Misa de Campaña“España fue un Estado misionero antes que conquistador, Si utilizó la espada, fue para que, sin violencia, pasara triunfante la Cruz”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934.)

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El soldado era necesario en los primeros años de la conquista, al adentrarse la civilización entre tribus hostiles. Pero una vez pacificados los indios, llegaban diligentes las caravanas de labradores y artesanos, gentes no guerreras, que sabían manejar mejor los aperos y herramientas que las espadas o los arcabuces. Pero, no menos que los conquistadores, hombres de arraigadas convicciones religiosas, los cuáles, junto con las simientes, enterraban en el suelo feraz de América los fundamentos del cristianismo (191).

(191) Por lo demás, los monarcas ya habían previsto la selección de los colonos y menestrales, con vistas a preservar íntegra la fe en las jóvenes y aún pocas vigorosas cristiandades de América. Muestra ya esta extrema vigilancia de la ortodoxia, una carta del Rey Católico a Colón, del 3 de mayo de 1509. “Por cuanto Nos, con mucho cuidado deseamos la conversión de los indios a Nuestra Santa Fe Católica, como arriba digo, y si allá fueren personas sospechosas en la Fe, podrían impedir algo a la dicha conversión, no consintáis ni deis lugar a que allá pueblen ni vayan moros, ni herejes, ni judíos, ni reconciliados, ni personas nuevamente convertidas..” Y el 6 de junio, le añade el Rey: “Yo os encargo proveáis con toda diligencia cómo en esa isla no sea de servido Nuestro Señor, y para esto debéis observar la buena costumbre que en esa isla hay de no haber juegos, ni perjurios, ni amancebados, ni otras semejantes cosas de que Nuestro Señor es de servido” (Colección de documentos inéditos… relativos a América y Oceanía, t. I, página L).

“…el pueblo peruano, heredero y representante de dos civilizaciones, que han escrito en los anales de la humanidad páginas imborrables. Brota de ellas (las palabras del embajador) la afirmación, revestida de gratitud, de la vocación cristiana y católica de aquel pueblo, a Nos tan querido; afirmación que no contempla el pasado solamente, sino que mira sobre todo el porvenir, como fiel y consciente continuación de las tradiciones de las cuales los colonizadores españoles hicieron la base fundamental del patrimonio espiritual de la nación”.

(Discurso a D. Diómedes Arias, nuevo embajador del Perú, 17-VII-1941.)

Los contingentes de colonos y emigrantes españoles a América fueron frecuentes durante las tres centurias en que España era, la metrópoli de las Américas. Baste decir que en los siglos XVI y XVII, entre los españoles que andaban por Europa guerreando, traficando o enseñando, y sobre todo los millares que pasaban a los nuevos mundos para conquistarlos y colonizarlos, la mitad de los varones españoles de diecisiete a cuarenta años estaba fuera de la península. Sin embargo, la emigración aumentó en número durante el siglo XIX, y se continuaría pujante en el XX, centurias estas dos de grande aumento de población peninsular por una parte, y de cierre de otros conductos de expansión demográfica por otra. No cabe duda que los viejos y los nuevos emigrantes españoles fueron uno de los principales factores que contribuyeron a dar al bloque de la América española la nota de catolicidad que le caracteriza.

“España, por su tradición y por su historia, es un pueblo de emigración. Y así como se debe a uno de sus grandes internacionalistas, Vitoria, la enunciación de los principios del derecho de gentes, que sentaron las bases de la doctrina, segura en esta materia, también es cierto que la emigración española fue la que llevó y dilató la fe cristiana en el continente sudamericano, hacia el que todavía se dirige hoy su principal éxodo emigratorio”.

(Carta de Mons. Dell`Acqua, en nombre del Papa, a la XVIIIª Semana Social de España, 30-VI-1958).