Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (17)

Devoción eucarística de los fundadores de las Américas

Capitán Pedro de Valdivia“La Hostia divina, el signo y el máximo factor de la unidad ha sido espléndidamente glorificado en esta América… Es un símbolo: el símbolo de que la devoción al Sacramento ha sido un factor de la unidad espiritual de España y América”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934.)

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Otro aspecto sugestivo de la enseñanza de Pío XII sobre lo que fue la conquista y colonización del Nuevo Mundo es la marcada influencia que el Papa atribuye a la devoción del Santísimo Sacramento, en la realización de la obra colonizadora.

Aquellos conquistadores—viene a decir el Pontífice—consiguieron forjar naciones civilizadas, y lograron que la religión católica arraigara firmemente en el vasto continente, porque ellos mismos eran almas de profunda piedad eucarística.

Antes de emprender sus campañas—referirá el Papa—, los hombres de la conquista o de la colonización sabían preparar sus almas con la recepción del Pan de Vida. Y, después de sujetar inmensos pueblos a su señor temporal, tomaban a pecho iniciar a los conquistados en la obediencia al Señor Eterno, escondido en el Sagrario, cuyo saludable misterio les revelaban. Con este fin misionero construían en seguida devotas iglesias en las ciudades que iban levantando, fundaban cofradías, y asistían piadosamente, ante la mirada curiosa de los aborígenes, a las solemnes procesiones del Santísimo Sacramento.

Dios, coronó aquellos generosos esfuerzos, y hoy las naciones hispanoamericanas son pueblos de arraigada tradición eucarística.

Al VIII Congreso Eucarístico chileno recuerda Pío XII cómo Valdivia, el célebre, conquistador de las tierras araucanas, antes de lanzarse a sus campañas solía asistir con sus soldados a la santa Misa, iniciando así en las playas del Pacífico la devoción al Sacramento del Amor, devoción que no ha cesado de crecer hasta los brillantes triunfos de los Congresos de nuestros días (193).

(193). Pedro de Valdivia (1500-1554), conquistador y primer gobernador de Chile o Nueva Extremadura, nació en Extremadura, de familia hidalga. Después de haber luchado en Italia y en Flandes, pasó a las Indias, donde se distinguió “por su intrepidez heroica y por sus virtudes”, como dice Eyzaguirre en su Historia de Chile.

“Cuando el 12 de febrero de 1541, acampando junto a las claras aguas del Mapocho, las huestes de Valdivia plantaron sus tiendas bajo la colina de Huelén, y a las pocas horas, sobre un altar humilde, el Rey de los Cielos y Tierra descendía a las manos de Rodrigo González de Marmolejo, al levantarse entre el Cielo y la Tierra la Hostia Santa… vuestro Chile había nacido, un nuevo pueblo se incorporaba al seno maternal de la Iglesia, y su suelo feraz quedaba santificado para siempre con la presencia real de Jesucristo” (194).

(194). Después de la Misa, Valdivia dividió el terreno de aquellas llanuras en manzanas y solares, los cuales distribuyó entre los 150 soldados que consigo llevaba. Estos edificaron sin dilación las primeras casas de madera, adobes y paja, y una modestísima iglesia. La ciudad de Santiago estaba fundada. Constituido el Cabildo, Valdivia fue nombrado Gobernador y Capitán General de Nueva Extremadura, según decían las Cédulas Reales que consigo llevaba.