Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (19)

Devoción eucarística de los fundadores de las Américas

Corpus Christi - Altar EucaristicoAcabamos de oír narrar a Pío XII cómo el piadoso corazón de Pizarro empujó al valiente conquistador a desear ser personalmente el fundador de la primera Cofradía del Santísimo Sacramento que se instituyó en Lima. ¿Fue esta ejemplar actitud esporádica en la obra americana? No; el mismo Pontífice advierte, hablando al Ecuador, que la Cofradía del Santísimo Sacramento “era la primera cosa religiosa que se establecía al fundar Sus ciudades”. Y tal observación—como atestigua la Historia— responde a lo que se realizaba en todas las comarcas del Nuevo Continente.

“La República del Ecuador se gloría de ostentar la primacía en los anales eucarísticos de América por haber sido sede del primer Congreso celebrado en el Nuevo Mundo y por haber llevado el nombre de “Tierras del Santísimo Sacramento”, cuya Cofradía era la primera casa religiosa que se establecía al fundarse sus ciudades. Y tú, ¡oh Guayaquil!, tan noble como hermosa, ¿no es cierto que tienes en más el privilegio del jubileo permanente, obtenido ya en 1776, que no el haber sido cuna del gran García Moreno, o poseer el ilustre nombre que te ha dado la laboriosidad y el ingenio de tus preclaros hijos?”

(Radiomensaje al III Congreso Eucarístico Nacional del Ecuador, 29-IX-1958.)

Cuando en los siglos pasados Jesucristo era plenamente reconocido Rey por la sociedad, los pueblos cristianos festejaban públicamente con gran esplendor al Santísimo Sacramento. Las famosas Cofradías, a las que pertenecía la flor y nata de la nobleza; las solemnes procesiones del Corpus, honradas por príncipes y magnates; los concurridos autos sacramentales en presencia del Rey; las Cuarenta Horas y otras tantas devociones populares serán la expresión de la fe y piedad de aquellas generaciones. Las artes y las letras ponían a porfía sus recursos al servicio del Dios escondido. Toda la sociedad se preciaba de honrarle.

Al agrandar España la cristiandad, trasplantando a América un esqueje del árbol de su contextura cristiana, vemos aparecer en las ciudades del Nuevo Mundo las mismas devociones públicas que florecían en Europa. Presenciar en el siglo XVI, en Méjico o en Lima, por ejemplo, las fiestas de un día del Corpus era casi como encontrarse en Toledo, en Sevilla o en Valladolid. Las calles empedradas y las señoriales plazas de estilo colonial aparecían engalanadas con gran pompa. Por todas partes, flores y colgaduras, incienso, cantos, poesías y autos sacramentales. Los hidalgos tenían a hombría desfilar, con el sombrero en la mano, ante la Hostia Santa, al frente de sus Cofradías. Delante avanzaban devotos los gremios de artesanos, los campesinos y el resto del pueblo fiel. Nobles y plebeyos, ricos y pobres, blancos, mestizos e indios, todos unidos por la devoción a un mismo Señor, llevado por el clero en riquísima custodia de oro y plata, cuajada de pedrerías.

Pío XII cita, como caso típico del esplendor con que se celebraban en América las manifestaciones eucarísticas, al Cuzco, ciudad “heredera fiel del catolicismo español”.

“Esta cuarta vez os habéis congregado en el Cuzco imperial, la ciudad que fue sede del primer Congreso Eucarístico peruano; la que ya a mediados del siglo XI—heredera fiel del católico espíritu de la Madre España—celebraba las fiestas del Corpus con una grandeza y una suntuosidad que emulaba a las de otra imperial ciudad, la histórica Toledo; la que por boca de sus mejores hijos—un Inca Garcilaso,: un Juan Espinosa, el Demóstenes indiano—supo cantar o narrar como pocas las glorias eucarísticas en páginas inmortales” (197).

(197). Garcilaso de la Vega (1540-1616), ha sido llamado “el Inca” por haber nacido del matrimonio entre el Conquistador español del mismo nombre y una princesa india. Gran historiador y prosista castellano de purísimo estilo.

Juan de Espinosa Medrano (siglo XVII), sacerdote y escritor peruano, escribía en castellano y en quechua. En esta última lengua, compuso, entre otros, el famoso drama religioso El hijo pródigo.

(Radiomensaje al IV Congreso Eucarístico Nacional del Perú, celebrado en la ciudad del Cuzco, 15-V-1949.)