Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (33)

Falanges de misioneros heroicos realizaron el ideal de la conquista, atrayendo a la luz de nuestra fe a millones de paganos

Virgen de Guadalupe - Bandera de MéjicoLos abnegados frailes que establecieron misiones en el Nuevo Mundo—dominicos, franciscanos, agustinos, mercedarios y más tarde jerónimos y jesuitas—derrocharon su celo “ganando—según vamos a oír de labios de Pío XII—méritos imperecederos”. Las conversiones superaron las mejores esperanzas, pagando así Dios con creces el esfuerzo titánico desplegado (218).

(218) “Muchos años—escribe el conocido escritor ascético Miguel Godínez, explicando las cuitas de los misioneros y los frutos granjeados—me ocupó la obediencia de este ministerio de la conversión de los gentiles en una provincia llamada Cinaloa (Norte de Méjico)… Siendo la tierra sumamente caliente, caminaban los misioneros a todas horas del día y de la noche, acompañados de bárbaros desnudos, rodeados de fieras, durmiendo en despoblados… A dos religiosos compañeros míos, flecharon e hirieron, y yo escapé dos veces por los montes aunque mataron a un mozo mío. Andaban aquellos primeros padres rotos, despedazados, hambrientos, tristes, cansados, perseguidos, pasando a nado los ríos más crecidos; a pie, montes bien ásperos y encumbrados…; y con todos estos trabajos se servía muy bien a Dios y se convertían muchos gentiles. Sólo el santo mártir padre Santarén aprendió once lenguas y edificó cincuenta iglesias. Cuando nos juntábamos una vez al año, en la cabecera, donde estaba el superior, para darle cuenta del número de los bautizados, y de los peligros y sucesos más notables que nos acontecían, ningún año, en mi tiempo, bajaba el número de los bautizados de los cinco mil, y algunos años subió de diez mil, y el año de 1624 quedaban en toda la provincia bautizados arriba de ochenta y dos mil, y después pasaron de ciento veinticinco mil los bautizados” (Práctica de la Teología mística, 1. III, cap. 7).

“La historia de las relaciones entre esta Sede Apostólica y las doradas Antillas—ulteriormente desarrolladas al conseguir vuestra patria su independencia—se cuenta por siglos (219).

(219) Santo Domingo se independizó de España en 1844. Sin embargo, esta nación, de 1904 a 1941 estuvo sometida a la tutela de los Estados Unidos.

Vuestra excelencia ha recordado muy acertadamente los méritos imperecederos que los hijos españolas de San Francisco y de Santo Domingo, se ganaron en la isla Dominicana durante los albores de su evangelización. Fueron méritos—Nos alegramos de proclamarlo—que superar los límites de la isla y del siglo en que tuvieron lugar, puesto que de ellos efectivamente brotaron los principios del Derecho Internacional, enseñados poco después en Salamanca por Fray Francisco de Vitoria (220).

(220) Francisco de Vitoria (+1546), gran promotor del renacimiento escolástico y fundador del Derecho Internacional. Fue profesor en la Universidad de Salamanca.

Y perfeccionados al fin de siglo en Coímbra y en Roma—antes de que pasaran a Hugo Grocio—por el Doctor Eximio Francisco Suárez y por el doctor de la Iglesia San Roberto Belarmino. Nada extraño que la fe católica, recibida a través de conductos tan egregios de la vieja Europa, quedara tan reciamente arraigada en el alma de vuestro pueblo…”

(Discurso a D. Roberto Despradel, nuevo embajador de la República de Santo Domingo ante la Santa Sede, 8-I-1948).

Si algo caracteriza al presidente de México, José Andrés López Obrador, es su demagogia y su cristofobia. Ahora exige que España y el Papa Francisco pidan perdón a México por la conquista de aquel país a aztecas y mayas. Pero ni la Iglesia ni España tienen que pedirle perdón a México, Es México quien debe estar agradecido a los españoles que, animados por la Iglesia, cristianizaron México consiguiendo con ello dos efectos: acabar con el infierno de una religión homicida, cuya especialidad era la sumisión de las masas mediante los sacrificios humanos a unos dioses siempre sedientos de sangre -su especialidad era la extracción del corazón en vivo- y civilizar México, donde los españoles crearon el urbanismo, las primeras catedrales, los primeros colegios y las primeras universidades.

Lo que sí es verdad es que tanto España como México deberían pedir perdón al Papa y a la Iglesia por la persecución de católicos -las dos más fuertes que se recuerdan- durante el siglo XX Es decir, perdón por la matanza de cristianos ejecutada por la II República española y por la persecución a los cristeros por parte del presidente Plutarco Elías Calles y compañía. Es más, desde que España se aleja de México, México se convierte en un país masónico, probablemente una de las masonerías más anticlericales y asesinas que hayan existido.

(HISPANIDAD)