Francisco Elías de Tejada

Jesús y CaifásLibertades concretas, providencialismo, monarquía, o sea Dios, Patria y Rey, son el meollo de la Tradición de Cataluña mirada desde su estructura interna, que se completan con la cuarta nota típica: el españolismo del Principado, razón de su nacimiento contra los carolingios, causa de su enemiga secular antifrancesa, timbre permanente de su servicio a los ideales comunes de las Españas universas.  Ved cómo era español hasta los tuétanos el catalanísimo Jaime I cuando en las cortes aragonesas congregadas en 1264 en Zaragoza enaltece a los catalanes por leales, declarando deber sus reinos después de a Dios “a aquells de Catalunya, que és lo millor regne d’Espanya, lo més honrat y ‘l més noble”. En la Crónica de Bernat Desclot comentase cómo, si los catalanes hubieran perdido la guerra contra los franceses, a fuer de españoles, en su derrota hubiera quedado “ahontada e menysprehada tota la cavallaría d’Espanya”.Pedro el Ceremonioso concibe a España a modo de una Cristiandad menor al narrar en el capítulo IV de su Crónica la ayuda que prestará a Alfonso XI de Castilla en ocasión de la rota del Salado, la necesaria unidad de todos los reyes de España frente al peligro musulmán en mutuo apoyo para “exalçar Crestiandat”. Españoles son los catalanes en labios de Ramón Muntaner representados por aquel Berenguer de Entenza, quien al llegar a Gallipoli fue considerado por uno “dels nobles homens d’Espanya que fill de reino sia”. En la dedicatoria del Regiment de la cosa pública en 1383 Francisco de Eximenis diputa al Principado uno de los pueblos “entre los altres de tota Espanya”.

Y es el mismo Ramón de Muntaner, el portavoz máximo del espíritu catalán de todos los tiempos, quien colocaba en las Españas unidas la solución cimera de sus pasiones de expansión de Cataluña, cuando al referirnos la entrevista habida en Ariza entre los monarcas aragonés y castellano, en la que éste propone a su tío Pedro el Grande alianza entre ambos, el rey de Portugal y el de Mallorca, canta Muntaner disparando las flechas de sus anhelos “que si aquest quatre reís que ell nomená d’Espanya, qui són una carn e una sang se teguessen ensems poc duptaren tot altre poder del món”.

Todos los magnos voceros del alma catalana respiran el aire común de lo español y si no lo aseveran a cada paso, si lo hacen ver apenas en las ilusiones de los sueños o en las afirmaciones del instante, es porque la evidencia de la unidad, acunada en la vieja línea de los saberes isidorianos, era igual que el agua que se bebe o que el oxígeno que se respira, verdad tan evidente que insistir en ella podría pasar por banalidad de repetir lugares comunes cuya aseveración resulta por patente innecesaria.

(VERBO)