Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Jesús junto a PilatoPara los judíos, el condenado a muerte, y más aún el blasfemo era objeto de burla y escarnio público. Estaba prohibido compadecerse de él. Le vendaron los ojos y se burlaban de Él. Así pasó toda la noche ¡Noche triste, tristísima! Sí, los ministros y jueces se burlaron de Él y le abofetearon y escupieron, qué no haría la turba soez de soldados y ministriles ante el ejemplo de las “autoridades”.

Escupiendo el rostro; en todo el mundo se ha tenido y se tiene, tan vilísimo insulto como insufrible; y en el pueblo israelita era la afrenta mayor que se podía hacer. ¡Le vendaron los ojos para herirle! ¡Pensaban que no los veía! ¡Que no nos ve! Le maldecían y Jesús callaba ¡Qué dulzura! ¡Qué paciencia! ¡Qué magnanimidad! Podría destruir a sus enemigos y los dejaba triunfar y todo lo padece por mis pecados, por mi amor.

En el proceso de Jesús se han señalado al menos 27 irregularidades, de las que una sola fuera suficiente para anular el juicio. Ha sido la más grande y la más memorable de las injusticias.

Juan 18, 28; 19, 1-16: “El camino desde la casa de Caifás, al sur del monte Sión, al Pretorio, a la parte septentrional del Moriah; atraviesa la parte más popular de la ciudad. Pilato vivía en la fortaleza Antonia, en su fachada una plaza pavimentada con piedras de colores”.

Para que la sentencia del Sanedrín tuviera validez ejecutiva tenía que ser confirmada por el Pretor romano, que desde la ocupación romana era el único que en Palestina tenía el “ius gladie” (derecho de condenar a muerte). Poncio Pilato fue nombrado el año 26 por Tiberio y destituido el 36. Jesús atado y rodeado de soldados atraviesa la ciudad ¿Qué vergüenza? Pocos días antes había pasado aquellas mismas calles en muy distinta forma, triunfalmente.

Los sanedritas, escrupulosos guardadores de las falsas exterioridades de la ley, no quisieron entrar en el Pretorio, casa de un gentil, por no contaminarse y poder comer la pascua.

Mateo 18, 28: “Salió pues, Pilato fuera y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? Ellos respondieron, diciendo: Si no fuera malhechor no te lo traeríamos. Díjoles Pilato: Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley. Le dijeron entonces los judíos: Es que a nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie”.

San León: Los sanedritas buscaban que Pilato fuera mero ejecutor de la cruel sentencia aplicada por ellos y no árbitro de la causa ¡Como ciega la pasión! Pilato se dio cuenta enseguida que allí solo había envidia sacerdotal. Pasión tremenda. Huonder: “La envidia y los celos engendran aversión, atizan el funesto incendio de un aborrecimiento impecable, le hacen a uno duro, rígido, y matan todo sentimiento de nobleza y justicia. Acuden a cualquier medio, aún al más vil y bajo, con tal que les sirva para dañar a su competidor y acabar con él”. Es tan vil la envidia que nadie se resigna a confesarla. “¡Es un malhechor!” dicen ahora; poco antes decían: “¡Es un blasfemo!”. Así se dejaba tratar por nuestro amor.

Juan 18, 37: “Le dijo entonces Pilato: ¿Luego Tú eres Rey? respondió Jesús: tú lo dices que soy Rey. Yo para esto he venido al mundo para dar testimonio de la Verdad; todo el que es de la Verdad oye Mi voz”. Pilato no quiso saber nada de la Verdad. Nosotros vivamos la verdad de la verdad. El Reino de Jesús no procede de este mundo, porque no consiste en bienes de este mundo, sino que por el desprecio de ellos se camina a la vida eterna. No viene a quitar reinos temporales que viene a darnos el eterno. Jesús es Rey; también de este mundo. Pilato dijo a Jesús ¿Qué es la verdad? frente a frente a la Verdad, le da las espaldas.

Jesús había dicho: “Soy el Camino la Verdad y la Vida (Juan 14-16). La Verdad es Jesús. Solo el que sigue a Jesús no camina entre tinieblas” (Juan 18, 37). “Todo aquel que pertenece a la Verdad escucha Mi voz”. ¿Quién no la escucha? los fariseos, los que están presos de la pasión; llámese ambición, codicia, lujuria, etc.

Hecha su pregunta Jesús, Pilato sin aguardar respuesta, salió por segunda vez a los judíos y les dijo: “Yo ningún delito hallo en este hombre”. Luego lo pongo en libertad ¡NO! Aquí empieza la falsa política de ceder y querer satisfacer a todos, y de claudicación en claudicación llega a la caída definitiva de condenar a muerte al mismo a quien proclama inocente ¡Terrible lección para tanto Pilato cobarde y contemporizador! Jesús ante todas las acusaciones se calla. Silencio sublime y bien difícil de guardar cuando le acusan y vilipendian siendo inocente y con plena conciencia de serlo.

Juan 18, 39: “Hay entre vosotros costumbre de que os suelte a uno en la Pascua ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? Entonces de nuevo gritaron diciendo: “¡No a éste, sino a Barrabás! Era Barrabás el bandolero”. ¿Jesús o Barrabás? ¿Jesús o la pasión desordenada? Dios, que pasó haciendo el bien o Barrabás que todo lo hizo mal. Incluso mató (Marcos 15, 7).

El pueblo que cinco días antes le aclamaba a Jesús por Mesías, quedó perplejo al oír la propuesta de Pilato. Pero los sacerdotes, escribas y fariseos se mezclaron con el pueblo para soliviantarlo. “¿A quién queréis que os suelte?” “¡A Barrabás! Pues, qué he de hacer de Jesús, llamado Cristo? Dicen todos” ¡crucifícale!”.

San Agustín: “¡Oh furia de locos! ¡A muerte el que resucita los muertos y en libertad el que mata a los vivos!”. ¡Cuánto sufrió el Corazón de Jesús! Lo mismo hacemos nosotros cuando pecamos ¿A quien prefieres a Dios o a la criatura; La honra de Cristo o la tuya; el amor de Cristo o el de…?

(Las meditaciones de la Pasión de Cristo han sido extractadas de la obra del Padre Oraá, S. I.)