Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Jesús con los ApóstolesMe enviaron a dar los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola a un grupo de mujeres. Destino Madrid y después a un monasterio de Clarisas que está en medio de campos bien labrados y cuidados. Aquí se apareció la Virgen de la Cruz a Inés una adolescente del lugar el 9 de marzo de 1449. La Virgen le dijo: “Aquí se levantará un monasterio”. Está reconocida por la Iglesia.

Silencio, soledad y oración; ambiente de recogimiento, de intimidad con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Virgen siempre estuvo presente y San José, y Santa Maravillas de Jesús, Santa Teresa de Calcuta…

San Ignacio de Loyola empieza sus Ejercicios dándonos unas orientaciones para hacerlos. “La primera anotación es, que por este nombre Ejercicios Espirituales se entiende, todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, “de orar, vocal y mental”, y de otras espirituales operaciones según que adelante se dirá”. La vigésima anotación termina con estas palabras: “cuanto más nuestra ánima se halla sola y apartada, se hace más apta para “se acercar y llegar” a su Criador y Señor; y cuanto más así se “allega”, más se dispone para recibir gracias y dones de la su divina y suma bondad”.

El Principio y Fundamento de los Ejercicios de San Ignacio de Loyola es que: “El hombre “es” criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y “mediante esto salvar su ánima”; y las otras cosas sobre la haz de la tierra “son criadas para el hombre” y para que le ayuden en la prosecución del fin para que “es” criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe “quitarse” dellas, cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes, a todas las cosas criadas, en todo lo que “es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío y no le está prohibido”; en tal manera que “no queramos, de nuestra parte”, más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y “por consiguiente” en todo lo demás, “solamente deseando y eligiendo, lo que más nos conduce para el fin que somos criados”.

El Santo nos hace meditar sobre el pecado, el infierno, Cristo Rey y la vida de Jesús, desde su nacimiento a su ascensión al Cielo. Termina con la “contemplación para alcanzar a Dios”. Y dice: “Pedir lo que quiero. Será aquí pedir “conocimiento” interno de tanto bien recibido, para que yo, “enteramente reconociendo”, “pueda en todo amar y servir a su divina majestad”.

Jesucristo nos dice: “Amaros los unos a los otros como yo os he amado”.

¡Amemos siempre hasta la hora de la muerte! ¡Nos espera el Cielo!

Todos los Papas han recomendado hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Los últimos también:

“Qué lástima si desapareciera esta escuela que ha triunfado de la prueba de los siglos…”.

(San Pablo VI)

“Los Ejercicios son una ocasión privilegiada que Dios ofrece a los hombres para ponerse a la escucha del Espíritu Santo y encontrar las repuestas adecuadas a los interrogantes propios en la situación de cada uno”.

(San Juan Pablo II)

“En un tiempo como el actual, en el que la confusión y multiplicidad de los mensajes y la rapidez de cambios y situaciones dificultan de especial manera a nuestros contemporáneos la labor de poner orden en su vida y de responder con determinación y alegría a la llamada que el Señor dirige a cada uno de nosotros, los Ejercicios Espirituales constituyen un camino y un método particularmente valioso de buscar y de hallar a Dios en nosotros, en nuestro alrededor y en todas las cosas, con el fin de conocer su voluntad y de llevarla a la práctica”.

(Benedicto XVI)

“Proponer los Ejercicios Espirituales, significa invitar a una experiencia de Dios, de su amor, de su belleza. Quien vive los Ejercicios de modo auténtico experimenta la atracción, la fascinación de Dios, y vuelve renovado, transfigurado, a la vida ordinaria, al ministerio, a las relaciones cotidianas, llevando consigo el perfume de Cristo”.

(Papa Francisco)

“En nuestra comunidades de Misioneras de la Caridad, hacemos desde el comienzo los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que son muy hermosos y fructuosos. Los aconsejamos a todos, pues no están reservados a los religiosos”.

(Madre Teresa de Calcuta)