La Madre María Félix y la Eucaristía

Sin título 5En estas fechas de Pascua, son muchos los niños que se acercan a recibir su Primera Comunión. También la Madre María Félix recibió un día a Jesús por primera vez y en ese primer encuentro Él le concedió una gracia extraordinaria. Ella misma escribiría más tarde: “El Señor tomó posesión de mi alma en aquel día para siempre”. Su amor a Jesús sacramentado fue creciendo a lo largo de los años y se hizo expansivo, llevándola a desear que todos los hombres conociesen el amor del Señor en el misterio eucarístico. En esta carta a una sobrina suya se refleja este amor, al tiempo que se advierte el eco de la meditación de la Encarnación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio:

Con mucho gusto te regalo la medalla de mi Primera Comunión con motivo del mismo feliz día tuyo. Solo siento que es muy sencillita. (…) Yo también te quiero mucho, mi pequeña, y con igual gusro que te doy mi medalla de Primera Comunión te daría mi medalla de Profesión Religiosa, si el Señor te concediese algún día la inmensa gracia de la vocación religiosa.

Yo creo que sabes muy bien qué es eso de comulgar. Mira, pequeña, un ruso llamado Gagarin hace un par de días ha dado un pequeño salto de la Tierra al espacio. Ha sido sólo un pequeño salto. Todavía no ha ido a la Luna, ni a Marte, ni a otro astro; pero se ha dado cuenta de que el espacio es inmenso y que está poblado por muchos astros y que la Tierra que habitamos, vista desde el espacio, es como un globo de colores -el azul del mar, el rojo de la tierra, el verde de los bosques, el blanco de los hielos- iluminado por el Sol. Pero un globo chiquito. Y Gagarin y los sabios que han logrado este salto del hombre al espacio se preguntarán: ¿Quién puso en el espacio a ese globito tan bello que se llama Tierra y a ese tan brillante que se llama Sol y a tantos otros que van siguiendo siempre una misma ruta en el espacio como si fuesen trenes que marchasen sobre unos raíles? Yo no sé si a Gagarin le han hablado en Rusia de Dios y si los sabios que lo han lanzado al espacio conocerán a Dios, pero estoy segura de que, a medida que vayan descubriendo esas maravillas que no han sido creadas por el hombre, caerán de rodillas y adorarán a Dios Creador, Conservador y Señor de todo lo que existe en el Universo. Ese Dios tan grande, cuya grandeza conocemos más de día en día a medida que la ciencia progresa, se fijó un día en ese globito bello que Gagarin ha visto desde el espacio cósmico, y como vio a los hombres que lo habitaban, quiso ser hombre como los habitantes de la Tierra y nació chiquito en la cueva de Belén. Y el Niño Jesús, que es Dios hecho hombre, creció y nos enseñó todo lo necesario para que nuestra alma dé un salto mucho más grande que el de Gagarin: el salto al Cielo en donde Él está y en donde siempre seremos felices. Y cuando ya nos lo hubo enseñado y nos hubo abierto las puertas del Cielo, tenía que despedirse de nosotros y, como nos ama mucho, no quiso dejarnos solos.

¿Y sabes qué hizo? El que es más sabio y más bueno que todos los sabios del mundo, inventó una cosa más estupenda y maravillosa que la creación de todos los astros y de sus órbitas, un milagro formidable: quedarse Él en la tierra bajo la blanca forma de la Eucaristía para estar cerca de nosotros en rodos los Sagrarios del mundo y, más cerca todavía, dentro de nosotros mismos por la Sagrada Comunión. Seguro que Gagarin y los sabios que lo lanzaron al espacio no pueden dudar que Dios haga esa maravilla después de haber visto un poquito las inmensas maravillas que Él ha esparcido por el espacio. Pero yo creo que la mayor maravilla de Dios es que nos ama mucho, como Padre y como amigo. Que te ame a ti no me maravilla tanto, pero que nos ame a todos los que andamos por el mundo, justos y pecadores, esto sí que es algo muy grande.

Pues a este Dios tan bueno, tan amoroso, tan Padre, vas a recibir en tu corazón cuando comulgues, todas las veces que comulgues. Pídele mucho por tus padres, por tus abuelos, por todos los que te aman, y pídele por la Compañía en que tu tía monja le sirve, para que siempre le amemos, le sirvamos y le sepamos hacer amar de todas las gentes. En tu día estaré muy unida a ti. Envíame un recordatorio de tu Primera Comunión. Yo te envío un Rosario y un librito y todo mi cariño.

“Te quiere mucho, tu tía”.