Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Imagen del rostro de JesúsLa sierva de Dios Madre María Josefa del Corazón de Jesús, C. D., decía: “Te suplico, Jesús mío, se cumpla en mí perfectamente tu voluntad, sin que jamás las criaturas, ni yo misma sean obstáculo para ello, y hacer que nunca quiera, ni desee más que lo que Vos dispongáis”. Ahí está la santidad. En el cumplimiento de la voluntad de Dios en todo. Voluntad de Dios que se cumple con mis deberes de estado y obedeciendo a los superiores. San Juan de la Cruz escribe: “Jamás fuera, de lo que por orden está obligado, te muevas a cosa, por buena que parezca y llena de caridad… sin orden de la obediencia”.

La unión con Dios más que con las prácticas de devoción se alcanza cuando el alma cumple con perfección la voluntad de Dios. Cuando sigo mis caprichos y comodidades, mi amor propio ocupa el puesto de la voluntad de Dios y se impone mi soberbia. Nuestra felicidad está en hacer lo que Dios quiere, no dejarnos llevar de nuestros gustos y caprichos.

Que no nos arrastren los afectos desordenados. Debemos ser dueños de nuestros propios actos, según la voluntad de Dios. No hacer lo que pasa momentáneamente por nuestro entendimiento. Paciencia, prudencia y oración. La santidad consiste en cumplir la voluntad de Dios.

Santa Teresa de Jesús decía: “No consintamos que sea esclava de nadie nuestra voluntad, sino de Aquel que la compró con su sangre”. En todas las circunstancias de nuestra vida, deberíamos preguntarnos ¿esto lo haría Jesucristo así, diría estas palabras? Cristo es nuestro Rey y Señor y a Él le debemos obediencia perfecta. Que no nos engañes Satanás, Jesús nos dice: “No todo el que dice ¡Señor, Señor! Entrará en el Reino de los Cielos sino el que cumple la voluntad de mi padre, que está en el Cielo, ese entrará en el Reino de los Cielos” (Mateo 7, 21).

San Juan de la Cruz dice que: “El alma no tiene más que una voluntad y esa, si se embaraza y emplea en algo, no queda libre sola y pura como requiere para la divina transformación”. No hay vida espiritual seria sin sacrificio y mortificación. Negarse a sí mismo es absolutamente necesario para seguir a Cristo Rey.

Nuestro Señor Jesucristo le dijo a Santa Catalina de Siena: “Sabe, pues, que todo lo que hacen mis siervos está en esto, en que hagan Mi voluntad. Y por eso todo su esfuerzo lo deben poner en cumplirla perfectamente. Porque cuando más cumplen mi voluntad tanto más perfectos son, porque se acerca más a Mí, que soy la suma perfección”.

La santidad está al alcance de nuestra mano, Santa Teresita del Niño Jesús nos dice: “La perfección consiste en hacer la voluntad del Señor en ser lo que Él quiere que seamos” ¿Pobreza o riqueza; vida larga o corta, salud o enfermedad? ¡Lo que Dios quiera! La Virgen Santísima siempre estará a nuestro lado.