Santa Teresa de Jesús

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

La virtud de la obediencia de Santa Teresa de Jesús ha legado a la historia las obras místicas de la gran doctora de la Iglesia. Insuperable ella en su humildad se preguntaba “¿Para qué quieren que escriba? Sencillamente. Para que miles de almas aprendieran el camino de la perfección cristiana hasta el matrimonio místico.

Santa Teresa de Jesús dejó escrito: “Escriban los letrados que han estudiado, que yo soy una tonta y no sabré lo que me digo. Hartos libros hay escritos de oración. Por amor de Dios, que me dejen hilar mi rueda y seguir mi coro de oficios de religión, como las demás hermanas; que yo no soy para escribir, ni tengo salud ni cabeza para ello”. Yo tengo para mí, que Santa Teresa estaba absolutamente convencida de lo que decía. Entonces ¿Qué ocurrió? Sencillamente: El Espíritu Santo suplió todas las deficiencias de nuestra santa, repletando su alma de la Sabiduría divina.

Confiesa Santa Teresa que estaba “maltrecha por penitencias, agobiada por enfermedades crónicas, medio paralítica, con un brazo roto”. En nuestros tiempos democráticos, se le hubiera aplicado la eutanasia. Nosotros sabemos que hay personas, enfermos crónicos, que no salen de sus camas, de los que podemos decir que son santos. Sí, son las almas que están aplacando la justa ira de Dios.

Gran psicóloga, nuestra Teresa de Jesús, hubiera triunfado profesionalmente en la Amazonia. No atendiendo confesiones, como se dice que hacen religiosas por aquellas selvas intransitables. Construiría su monasterio y a consolar al Señor y salvar almas. En el Cielo no encontraremos todos los que en sus pueblos y aldeas han cumplido la Ley de Dios al pie de la letra.

Se ha escrito que el “Castillo Interior” (Las Moradas) es el libro único en el mundo. Sí, la obediencia hace milagros. Nos dice nuestra Santa Teresa de Jesús: “Pocas cosas que me ha mandado la obediencia, se me han hecho tan dificultosas como escribir ahora cosas de oración; lo uno, porque no me parece me da el Señor espíritu para hacerlo; lo otro por tener la cabeza tres meses a con un ruido y flaqueza tan grande, que aún los negocios forzados escribo con pena”. Sí, pero escribió. Y es la santa de la alegría: “Un santo triste es un triste Santo”.

¡Siempre alegres! ¡Somos hijos de Dios!