Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Corazón de Jesús MisericordiosoHa sorprendido a varios la expresión del Papa Francisco “el Dios de Jesús”. Y preguntan ¿Jesús es Dios o no es Dios? San Pablo escribiendo a los Efesios dice: “El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria”. Está claro. Dios, la Santísima Trinidad, en tres divinas personas y una sola naturaleza.

Hace años que me encargaron a hacer unas lecciones de religión para uso particular. Puse sobre la mesa los libros de teología dogmática, moral, ascética y mística, historia de la Iglesia que yo había estudiado y fui copiando de uno y otro. La lección “Jesucristo es Dios” la compaginé en cuatro folios. Esta semana publicamos la primera parte y, la segunda parte, Dios mediante, la semana siguiente.

MESIANIDAD Y DIVINIDAD DE JESÚS

De la existencia histórica de Jesús, dan testimonio no sólo autores cristianos, sino también historiadores paganos. Tácito dice: “El creador de este nombre, Cristo, ha sido ejecutado por el procurador Poncio Pilato durante el reinado del emperador Tiberio”. Suetonio, Plinio el joven, Mara Bar Serapión y Flavio Josefo también refieren en sus obras la figura histórica de Jesús.

Hay un hecho histórico innegable que Jesús afirmó que Él era el Mesías prometido y el Hijo de Dios. Sus milagros, profecías, muerte y resurrección demuestran que Jesús es Dios.

Durante once siglos fueron vaticinadas por los profetas las características del Mesías prometido que esperaba el Pueblo de Dios. Quinientos años antes de la venida ya estaba terminada la descripción de los rasgos del Mesías.

El profeta Ageo consuela al pueblo elegido anunciando que el Mesías entraría en el segundo templo de Salomón (Ag 7 ss.); Miqueas señala que será Belén donde nacerá el Mesías (Miq 5, 2); Isaías dice que predicará especialmente en Galilea y tratará a los pecadores con benignidad y mansedumbre (Is 12, 1-2; 42, 1 ss.); Zacarías predice la venta del Mesías por treinta monedas (Zac 11, 12); Isaías, contra toda la creencia del pueblo judío, predijo que el Mesías iba a ser contado entre los malhechores (Is 53 , 12), condenado a muerte (Is 53, 8) y que le habían de azotar, abofetear y escupir (Is 50, 6).

El profeta y rey David, vaticinó que le quitarían las vestiduras y se las dividirían los soldados, sorteándoselas entre ellos (Sal 22, 19), predijo que sus manos y sus pies serían taladrados (Sal 22, 17), que en la cruz sufriría el tormento de la sed, teniendo reseca la lengua y pegada al paladar (Sal 22, 16), y que para saciar la sed, le darían a beber vinagre, (Sal 69, 22); que, clavado en la cruz, se burlarían y mofarían de Él (Sal 22, 7-9). Zacarías completa la escena de la cruz, diciendo: “Mirarán a aquel a quien traspasan: harán lamentación por Él” (Zac 12, 10).

Como el Antiguo Testamento presenta al futuro Mesías con atributos divinos, el cumplimiento de las profecías mesiánicas en Jesucristo son pruebas evidentes de su divinidad.

El Nuevo Testamento refleja rotunda y claramente que Jesús es el Mesías: Felipe le dice a Natanael: “Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y también los profetas” (Jn 1, 45).

San Pedro le dijo a Jesús: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16).

El mismo Jesús manifestó a la samaritana que Él era el Mesías esperado. La samaritana le dijo al Señor: “Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo; cuando Él venga, nos lo anunciará todo”. Jesús le contestó: “Yo soy, el que te está hablando” (Jn 4, 25).

JESÚS AFIRMA QUE ES DIOS

Jesús dice de sí mismo lo que en el Antiguo Testamento se decía sólo de Dios, equiparándose a sí con Dios. Jesús completa y cambia las prescripciones del Antiguo Testamento (Mt 5, 21 ss.); lo mismo que Yahvé, Jesús hace con los hombres una alianza (Mt 26, 28).

Jesús impone preceptos a los discípulos que sólo Dios puede exigir a los hombres, como son los mandatos de fe en su persona (Lc 9, 26); incluso llega a exigir que entreguen su vida por Él: “Quien perdiere su vida por mí la hallará” (Lc 17, 33).

Jesús acepta adoración religiosa, lo cual según las ideas judías y cristianas es un honor que se tributa solamente a Dios (Mt 15, 25). Y está convencido de su poder soberano: “Me ha sido dado todo poder en el Cielo y en la Tierra” (Mt 28, 18), hasta el de perdonar los pecados, que sólo puede hacerlo Dios (Mt 9, 2; Mc 2, 5) y da a sus Apóstoles pleno poder para perdonar los pecados (Jn 20, 23).

Jesús se aplica a sí mismo operaciones y atributos divinos, como la eternidad: “Antes de que Abraham naciese, soy Yo” (Jn 8, 58).

A los judíos que le preguntan si es el Hijo de Dios, les dice: “El Padre y yo somos una misma cosa” (Jn 10, 30).

Ante el Sanedrín Jesús confiesa que es el Mesías, el Hijo de Dios: “Te conjuro por Dios vivo; di si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios”. Respondió Jesús: “Tú lo has dicho” (Mt 26, 64) “Yo soy” (Mc 14, 62).

Jesucristo es Hijo de Dios por esencia, posee la misma substancia divina que tienen el Padre y el Espíritu Santo. Jesucristo es Dios.

TESTIMONIOS DE LA DIVINIDAD DE JESÚS

En la Sagrada Escritura aparecen muchos testimonios afirmando que Jesús es Dios.

En el mismo momento que Juan bautizó a Jesús en el río Jordán, resonó la voz del Padre que dijo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo puestas mis complacencias” (Mt 23, 17).

En la transfiguración del monte Tabor, también se oyó la voz del Padre que decía: “Éste es mi Hijo amado, en el cual tengo puestas mis complacencias; escuchadle” (Mt 17, 5; Mc 9, 7).

Al empezar su evangelio dice San Juan: “Al principio era el Verbo y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios… y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria como unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1, 1-18).

Natanael, extrañado por lo que Jesús le había dicho, pregunta al Señor: “¿De qué me conoces?” Le respondió el Señor: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Le respondió Natanael: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel” (Jn 1, 48-49).

Después de su resurrección, Jesús se aparece por segunda vez a sus discípulos y dirigiéndose al incrédulo Tomás, le dice: “Acerca tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente”. Tomás dijo: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 27- 29).

MILAGROS, PROFECÍAS Y DIVINIDAD DE JESÚS

Los Evangelios narran 18 curaciones de enfermos, 12 que indican el dominio absoluto sobre la naturaleza, 3 resurrecciones de muertos, 5 expulsiones de demonios. Milagros tan evidentes que hasta los enemigos de Jesús se vieron obligados a decir: “¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos milagros” (Jn 11, 47).

“A continuación se fue a una ciudad llamada Naim, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaban a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: “No llores”. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y Él dijo: “Joven, a ti te lo digo, levántate”. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y alababan a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros” y “Dios ha visitado a su pueblo” (Lc 6, 11-16).

Jesucristo predijo varios acontecimientos que se cumplieron puntualmente. Profecías acerca de su pasión, muerte y resurrección; sobre el pueblo judío; sobre la ciudad de Jerusalén y su templo. Los milagros y profecías de Jesús manifiestan la divinidad de Jesucristo, porque sólo Dios puede hacer milagros y predecir el futuro libre.