José Guerra Campos y San Juan Pablo II

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

2º Hay otras novedades que afectan más de cerca a la misma verdad permanente. Manteniendo la adhesión renovada a todas las enseñanzas de la Iglesia, como decía Juan XXIII ante el Concilio, se pueden buscar modos de expresión adecuados, que las hagan inteligibles a los hombres de las varias culturas; es claro que los nuevos modos de expresión serán legítimos sólo si expresan la verdad inmutable sin deformarla. Más aún: cabe un estudio que penetre más íntimamente en la verdad, y que nos puede conducir a un desarrollo orgánico de nuestro propio saber, haciéndonos ver mejor aspectos que antes estaban latentes o menos acentuados, pero que son ingredientes de la misma verdad.

La condición de legitimidad en este caso nos la recuerda el Concilio: que “las cosas nuevas sean coherentes siempre con las antiguas” (3), que haya continuidad entre unas y otras. Los fieles tienen derecho a que se les explique la armonía entre lo nuevo y la verdad ya enseñada: a la manera que, en la unidad del amor de un padre a sus hijos, se concilian armónicamente la mano blanda y la mano severa. Así, por ejemplo: la libertad civil en materia religiosa debe armonizarse, según el Concilio, con “la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de las sociedades en relación con la única Iglesia de Cristo” (4); el ecumenismo incluye la profesión de la fe pura e íntegra (5); la verdad de que todos somos miembros activos de la Iglesia no excluye la verdad de que estamos incorporados a una comunidad jerarquizada, en la que Cristo confía directamente a algunos el magisterio y la potestad de dirección (6); la responsabilidad colegial de todos los obispos se subordina a la verdad del primado del sucesor de Pedro (7); el coloquio de la Iglesia con el mundo y la preocupación por las mejoras temporales han de enraizarse en la única y primordial finalidad religiosa, y por eso no puede degenerar en menoscabo de la acción misionera (8); y así podríamos multiplicar los ejemplos (9).

Notas:

(3) Declaración Dignitatis humanae, sobre la libertad civil en lo religioso: DH., núm. l.

(4) Loe. cit.

(5) Decreto Unitatis redintegratio, sobre el ecumenismo, núm. 2, 11, 24.

(6) Ver la Constitución LG., capítulos II, III, IV.

(7) LG., cap. III.

(8) GS., cap. IV; decreto Ad gentes, sobre las misiones; profesión de fe de Pablo VI.

(9) La verdad de la presencia de Cristo y el influjo interior del Espíritu no excluye la verdad de que Cristo actúa de modo visible por los sacramentos, por la Iglesia. El amor al prójimo es esencial en el cristiano; pero subordinado al amor de Dios., etc.