Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Cristo Rey del Universo - A - W

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (17)

Vocación misionera de la Hispanidad (2)

En la mente de Pío XII la misión de la Hispanidad sería toda una vocación, una vocación misionera: difundir por el mundo el Reinado de Jesucristo, acabar de conquistar espiritualmente a la humanidad infiel. Vocación misionera fue la de la Madre Patria; vocación misionera ha de ser la de las hijas, cuando alcancen su plenitud de ser católico.

“Nos, confiados en la protección de Dios y en el patrocinio de la Virgen Santísima, Reina de la América latina, no compartimos los presagios que a algunos inspira una tal condición de cosas (escasez de clero y sus consecuencias), sino que alimentamos más bien en Nuestro corazón la esperanza de que dentro de poco la América latina pueda hallarse en condiciones de responder, con vigoroso empuje, a la vocación apostólica que la Providencia Divina parece haber asignado a este gran continente, de ocupar un puesto preeminente en la nobilísima tarea de comunicar también a otros pueblos, en el futuro, los ansiados dones de la salvación y de la paz” (322).

(Carta Apostólica “Ad Ecclesiam Christi”, al presidente de la Asamblea Plenaria del Episcopado Iberoamericano, 29-VI-1955).

(322) América latina, a pesar de su continua escasez de clero, que un aumento de población desproporcionado al influjo religioso agrava sobremanera, ha enviado ya al Asia pagana algunas avanzadas del cristianismo. Muy recientemente cinco religiosos trinitarios mejicanos se instalaban en el Vicariato apostólico de Hiroshima; jesuitas colombianos y mejicanos han trabajado hasta su expulsión en Antring, argentinos en Pengpu (China), etc.

Y por lo que se refiere a Filipinas, Pío XII ha recalcado infinitas veces su destino de adelantada misionera para el Asia pagana y en los momentos actuales filocomunista.

Filipinas ha sido señalada por el gran Papa como “nación hoy predominantemente católica en el Extremo Oriente”; “única gran nación católica en el sudeste asiático”; “faro de vida cristiana en el Pacífico, columna y fundamento de un edificio cuya grandiosidad no es posible prever”.

Y su “especial vocación parece ser la de abanderado mayor del Evangelio y de la Cruz en esas playas extremas del mundo, abiertas, como una promesa, a las inconmensurables extensiones del Pacífico” (326).

 (326) 2-XII-1956. La jerarquía filipina, presidida por el actual Cardenal Santos, arzobispo de Manila, proclamó “año misionero” al de 1959, manifestando que Filipinas estaban prontas a prestar a otros pueblos el mismo servicio que en otro tiempo les prestó a ellas la Iglesia universal. Así, misioneros filipinos irán a evangelizar los países de Oriente, y nadie les podrá tachar de occidentales e imperialistas. “Somos de su sangre, de su carne —han declarado los obispos—, nuestra lengua y nuestra cultura están emparentadas. Nosotros podremos ir a ellos, no como extranjeros, sino como hermanos”.