Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Virgen del Pilar - Hispanidad

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (18)

España católica, portaestandarte de la Hispanidad

“Hoy la Madre España, ufana de la opulencia de sus hijas, henchido el corazón del amor con que las engendrara e hiciera fuertes, tiende a ellas sus brazos para atraerlas, con todo el respeto que le merece su gloriosa independencia política y social, y fundirlas en el viejo crisol de la pura Hispanidad. Los hijos no tienen motivos para recelar de la madre”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934).

Nadie ignora la destacada labor que, dentro de la Hispanidad, puede llevar a cabo España para difundir por el mundo los principios de universalismo y catolicidad que forman el ideal de esa comunidad de pueblos. Y así como Filipinas es la avanzada de la Hispanidad en el Oriente Asiático, así España es la estratégica cabeza de puente que le asegura el necesario contacto con el Occidente europeo y con Roma, centro de la catolicidad y manantial de la doctrina evangélica.

El escritor P. A. Quadra habla en estos términos de la colaboración hispanoamericana con España católica, para conseguir el anhelado triunfo de los principios cristianos:

“América está destinada para la unidad. Unidad imperial y no uniformidad colonial e imperialista. América —¡la nuestra!— por su sentido universalista, por su cultura europea, grecorromana, necesita de España en Europa, para que la Unión total signifique su victoria sobre el mundo”.

Pero la Madre Patria, además de ser elemento integrante de la Hispanidad, parece ha de representar, dentro de la familia hispánica, el papel de hermana mayor, como heredera directa que es de la España del siglo XVI, y conservadora del solar patrio con sus castillos, sus tradiciones y sus enseñanzas. “El pueblo que nos dio su sangre y su lengua y su fe—dice un eminente hombre de letras americano—debe darnos aire, luz, estímulo. En el mundo moral, como en el físico, la lactancia es la continuación obligada de la obra de la generación”.

Pío XII parece, por su parte, haber presentido para la Madre Patria, en el futuro de la Hispanidad, una misión de cabeza intelectual, foco de luz y de verdad para el mundo de lengua española.

Así, le oímos decir a los universitarios españoles, representantes de toda la intelectualidad de la nación, que cuenta con ellos, sobre todo cuando piensa en la Hispanidad.

“Juventud universitaria española, futuros dirigentes de una nación, de Nos amadísima por su constante tradición de adhesión a la fe y a esta Cátedra de Pedro, de un pueblo en cuyas inagotables reservas, sobre todo espirituales, esperarnos siempre mucho, en particular cuando pensamos en aquella otra parte del mundo que habla vuestra lengua”.

(Discurso a los alumnos de Derecho españoles, 20-II-1956).

Y en sublime imagen expresa esta misma esperanza, hablando de una España futura, una y grande, regenerada por la vuelta a sus tradiciones católicas, que alza en sus manos, cual estandarte glorioso, la Cruz de Cristo, llamando a toda la Hispanidad a formar bajo sus pliegues, para lanzarse después a pelear las batallas del Señor.

“España, en este momento culminante de la historia del mundo, tiene, sin duda ninguna, una misión altísima que cumplir; pero solamente será digna de ella si logra totalmente encontrarse de nuevo a sí misma, en su espíritu tradicional y cristiano y en aquella unidad que sólo sobre tal espíritu puede edificarse. Nos, señor embajador, alimentamos, por lo que se refiere a España, un solo deseo: verla, una y gloriosa, alzando con sus manos poderosas una Cruz, rodeada por todo ese mundo que, gracias principalmente a ella, piensa y reza en castellano; y proponerla después como ejemplo del poder restaurador, vivificador y educador de una fe en la que, después de todo, hemos de venir siempre a encontrar la solución de todos los problemas”.

(Discurso a D. Domingo de las Bárcenas, nuevo embajador de España ante la Santa Sede, 17-XII-1942).