Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Detente - Indulgencia Pío IX

¡Viva Jesús Sacramentado!
¡Viva y de todos sea amado!

¡Viva María Santísima! ¡Viva!

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (19)

Una fraternidad sincera en la verdad histórica (1)

“El fin del Imperio español en América no se debió al ansia de libertad de unos pueblos esclavizados por la metrópoli, sino a una serie de factores históricos e ideológicos que hicieron desprenderse, casi por propia gravedad y sin violencias, a las hijas mayores del seno de la madre, como caen del árbol por su propio peso los frutos maduros de otoño”.

(Cardenal Gomá, 12-X-1934).

No creemos que pueda obtenerse una sincera unión hispano-americana sin que se disipe antes un error grave que se ha introducido en no pocos espíritus respecto a la independencia de América. Se trata de una verdadera desfiguración de la historia de aquel acontecimiento, urdida por los adeptos de la Revolución, para atraer a su causa a los pueblos hispanoamericanos con el espejismo de un desorientado patriotismo.

Así, durante años y años, los poderes ocultos han presentado al mundo el trampantojo de una independencia de América obra exclusiva de sus manejos. San Martín, Bolívar y los otros próceres eran hijos legítimos de la Revolución, afirman resueltamente, y enemigos declarados de la Iglesia.

Alfredo Déberle ya declaraba sin ambages que “Francia liberal olvida demasiado que ella fue para estos pueblos hispanoamericanos una iniciadora, que la declaración de los Derechos del Hombre fue el Evangelio de su resurrección, y que aquellas naciones volvían hacia ella sus miradas, cuando combatían por su libertad”.

Y Jorge Rauma repetía las mismas ideas en sus estudios sobre América, recordando con verdad la influencia de la cultura de la Revolución francesa en la vida libre de los pueblos americanos, pero concediendo un exagerado papel, por lo exclusivo, a los perniciosos principios de esa cultura en la emancipación de América: “A todo lo largo del primer siglo de independencia, la influencia cultural de Francia se ha ejercitado soberanamente sobre los criollos como sobre los mestizos. Ya en la preparación del movimiento de emancipación fueron las ideas lanzadas por la Revolución francesa, introducidas en publicaciones clandestinas, las que despertaron el entusiasmo revolucionario en la juventud universitaria criolla; y a partir del primer desarrollo de la vida republicana las escuelas francesas fueron las que, en virtud de la libertad de enseñanza, se instalaron en todas las capitales… El régimen republicano, a pesar de sus turbulencias, sus revoluciones, su inestabilidad gubernamental, la persistencia del militarismo, las olas de demagogia y otras taras, ha hecho salir a la América latina de su largo aislamiento”.

Con esta infame tergiversación de los hechos pretenden ganar a su campo a los buenos patriotas americanos, los cuales no pueden dejar de sentir admiración y simpatía hacia aquella generación de libertadores que les inició en la vida de naciones independientes.

Sin embargo, nada más falso que la afirmación libero-masónica de que América debe exclusivamente su autonomía a los errores revolucionarios y sectarios propugnados por las sectas “Es absurdo intentar un paralelo—nota bien A. J. Triana—entre el ideario del movimiento criollo de 1810, de fondo y sentimiento netamente hispano, y el repertorio de temas y métodos de la Revolución francesa: cismática, impía y racionalista”.