Mons. José Guerra Campos, salida de la Iglesia con sus feligreses

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Lo hace en medio de una tempestad. En la hora de la pasión el Señor dijo a Pedro: “Simón, Simón, Satanás os busca para zarandearos como trigo; pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, cuando te hayas vuelto, confirma a tus hermanos” (4).

Junto con otros obispos, he oído decir más de una vez a Su Santidad Pablo VI que, después del Concilio, él había esperado que la Iglesia se entregase a un trabajo positivo de expansión misionera; pero se ha sembrado cizaña a voleo en el campo de trigo, obra -según el Papa- de origen diabólico; soplan vientos y se desbordan corrientes, que tronchan las plantas y las desenraizan (5). El Papa nos manifestaba su deseo de que en España cualquier adaptación se hiciese manteniendo las raíces de su espiritualidad tradicional.

Una muestra del vendaval que azota también nuestro suelo: desde Valencia me escribe un sacerdote que la obediencia religiosa al Papa es -perdón, por repetirlo- “una majadería, apta sólo para catetos, histéricos y reprimidos”.

Lo que confunde a los fieles en esta situación no es fa multiplicidad de opiniones. Tampoco sorprende que se emitan opiniones contrarias a la Iglesia y a su doctrina.

Notas:

(4) Lc. 22, 31 ss.

(5) El día 29 de junio de 1972, en la homilía de la fiesta de San Pedro, el Papa expresó esta idea públicamente. “Esta categoría caracteriza a la Iglesia de hoy. Se diría que a través de alguna grieta ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios. Hay dudas, incertidumbres, problemática, inquietud, insatisfacción, enfrentamiento. Ya no se confía en la Iglesia; se confía más en el primer profeta profano que nos viene a hablar… Se creía que después del Concilio vendría un día de sol para la historia de la Iglesia. Por el contrario, ha venido un día de nubes, de tempestad, de oscuridad ¿Cómo ha ocurrido todo esto? Nos os confiaremos nuestro pensamiento: ha habido un poder, un poder adverso -digamos su nombre-, el demonio… Creemos en algo preternatural venido al mundo precisamente para echar a perder y sofocar los frutos del Concilio…”