SANTÍSIMA TRINIDAD

Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Por la Geología sabemos que la tierra estuvo sin vida durante el periodo azoico ¿Cómo empezó la vida en el periodo paleozoico? Por generación espontánea como dicen los materialistas o por Dios, que ha creado todo ser viviente.

 Pasteur, Tiudal Bourke Mauru, Premio nobel, ha dicho: “No hay de ninguna oposición entre la aceptación de la explicación científica de la vida y la creencia en Dios, pues Éste es el autor de las leyes que rigen el proceso biológico”.

Nadie acepta que el reloj que lleva en la muñeca se ha hecho solo y el universo tampoco se ha hecho solo de la nada. Millones de estrellas, bolas gigantescas de masas impresionantes van a enormes velocidades por el espacio. La tierra va a 10.000 kilómetros por hora, y el sol a 300 kilómetros por segundo. Y siempre guardando un orden. No puede ocurrir esta organización sin una inteligencia ordenada superior a todas las cosas. Es Dios.

Este movimiento de las estrellas es tan exacto que se puede hacer el almanaque con muchísima anticipación, anunciando el día que ocurrirá un eclipse, la hora, cuánto durará, que parte de la Luna o del Sol se ocultará, desde que punto de la Tierra será visible, etc…

Ahora bien, si un coche no se pone en marcha por sí solo, ¿quién ha puesto en movimiento esos millones de estrellas de masas tan impresionantes? Es el motor inmóvil que ha puesto la fuerza motriz en todas las cosas. Ese motor inmóvil, origen de todo movimiento, es Dios.

James B. Irwin, que tomó parte en el primer vuelo espacial lunar del 26 de Julio de 1.971, confiesa que su descenso y su paseo por la Luna fueron más que una empresa científica; le devolvieron la fe perdida: ”Mientras nuestros cuerpos subían hasta los cielos, nuestros espíritus también se elevaban. Cuando entramos en el espacio, tuvimos una visión nueva de nosotros mismos, de la Tierra y de la proximidad de Dios… el sentido de la presencia de Dios y el sentimiento aplastante de que Él estaba con nosotros es algo que solamente he podido comprobar algún tiempo después del vuelo”.

Copérnico, eminentísimo astrónomo, dijo: “Si existe una ciencia que eleve el alma del hombre y la remonte a lo alto en medio de la pequeñez de la Tierra, es la Astronomía, pues no se puede contemplar el orden magnífico que gobierna el Universo sin mirar ante sí y en todas las cosas al Creador mismo, fuente de todo bien”.

Observemos ahora al mundo creado. ¿Qué vemos en su conjunto? En el campo microscópico vemos el mundo fascinante de los átomos, las moléculas, los electrones, etc., con unas leyes y reglas que dan la sensación de una inteligente ordenación de todos estos elementos simples.

Si contemplamos la naturaleza, nos encontramos con uno de los fenómenos más sorprendentes de la creación: la vida, con una complejidad y unas realizaciones muchísimo más admirables que el cerebro electrónico más perfecto construido por el hombre.